A 25 años de su estreno, «Hermanos de sangre» sigue siendo la cima absoluta del género bélico en la pantalla chica
La miniserie que HBO produjo con Steven Spielberg y Tom Hanks se emitió por primera vez el 9 de septiembre de 2001. Aquella producción sin precedentes transformó para siempre la manera de contar guerras por televisión y, hasta hoy, nadie pudo igualarla.

Tengo un recuerdo muy vivo de aquella noche de septiembre de 2001, cuando un amigo me insistió para que viera el primer capítulo de una serie que acababa de arrancar por cable. Yo, que por reté el mando a distancia y dejé que los veteranos de la Easy Company me contaran, mirándome a los ojos a través de la pantalla, lo que habían padecido en Europa. Pocas veces una producción me tomó por sorpresa como aquella, y la paso recomendando a quien se cruce en mi camino porque, a mi entender, sigue siendo una experiencia televisiva irrepetible.
Una inversión que marcó un antes y un después
HBO puso sobre la mesa ciento veinticinco millones de dólares, una cifra jamás vista hasta entonces para una producción televisiva. Aquel presupuesto descomunal permitió que cada secuencia de combate se filmara con criterio cinematográfico, con una dirección coral que reunió a realizadores de la talla de Phil Alden Robinson y David Nutter, y con un diseño de producción obsesivo que reconstruyó pueblos, campamentos y campos de Europa con una veracidad abrumadora. La violencia, vale subrayarlo, nunca fue gratuita ni un fin en sí mismo: el relato privilegió los vínculos entre los soldados por encima de la espectacularidad de las batallas.
La decisión más conmovedora, y a la vez más arriesgada, fue la de Steven Spielberg y Tom Hanks, que oficiaron como productores ejecutivos y les abrieron la puerta a los veteranos reales de la Easy Company para que presentaran cada uno de los diez episodios frente a cámara. Esa capa de testimonio en primera persona es la que le da a la serie esa densidad humana que las reconstrucciones puramente ficcionales, por bien realizadas que estén, no logran alcanzar.
Un elenco mayormente desconocido que se volvió leyenda
- Damian Lewis como el líder Dick Winters, la columna vertebral del relato.
- Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz completando el núcleo duro de la Compañía Easy.
- Michael Fassbender, James McAvoy, Simon Pegg y Tom Hardy en papeles secundarios, cuando todavía no eran las estrellas internacionales en las que se convertirían.
- David Schwimmer, el rostro más reconocible del elenco en aquel momento, encarnando al controvertido oficial Herbert Sobel.
Un estreno marcado por la tragedia
La serie se emitió por primera vez el nueve de septiembre de dos mil uno, apenas dos días antes de los atentados que sacudieron a Nueva York. El debut juntó a unos diez millones de espectadores, pero la cadena decidió suspender la campaña publicitaria tras la tragedia. La emisión, sin embargo, continuó su curso y la audiencia la acompañó hasta el último capítulo, quizá porque en aquel momento de conmoción colectiva el relato de aquellos soldados que habían sobrevivido a lo peor sonaba extrañamente cercano.
Otro acierto que la distingue de producciones posteriores del mismo equipo, como «The Pacific» de dos mil diez, fue repartir el peso narrativo entre todo el batallón en lugar de concentrarlo en dos o tres protagonistas. Esa elección coral le da al conjunto una textura de comunidad, de grupo de pares que se sostiene mutuamente, y la convierte, a mi criterio, en la cima absoluta del género bélico en la pantalla chica. Veinticinco años después de su estreno, sigue disponible en catálogo y no tiene rivales a la vista. Si nunca la vieron, hónrenme con hacerme caso: dense el gusto de darle play este fin de semana.
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