Adiós al Negro González Oro: el locutor que se fue desde Punta del Este sin soltar el micrófono
El periodista y conductor murió este viernes a los 74 años en Uruguay, donde vivía desde 2020. Repasamos su trayectoria, sus 35 años en el aire y la última emisión de El oro y el moro.

Les confieso algo: cuando era chico y todavía se escuchaba la radio AM en la cocina de la casa de mis viejos, la voz de Oscar el Negro González Oro ya sonaba con ese tono grave y cálido que se metía en el living antes de que uno terminara el mate. Por eso, cuando me confirmaron este viernes la noticia de su muerte en Punta del Este, a los 74 años, sentí que se cerraba un capítulo enorme de la historia reciente de la radiofonía argentina, esa que todavía se teje con nostalgias, llamadas al estudio y un público que les escribe a los conductores como si fueran de la familia. El Negro se fue en la ciudad donde había decidido empezar de nuevo hace cinco años, cuando abandonó Buenos Aires y eligió Uruguay como su lugar en el mundo, y lo hizo sin soltar del todo el micrófono que lo había acompañado durante más de tres décadas en el aire.
Una despedida con la voz que lo hizo famoso
El Negro González Ore murió este viernes 25 de septiembre en Punta del Este, confirmaron fuentes cercanas a su entorno. El periodista y conductor residía en esa ciudad uruguaya desde 2020, cuando decidió cambiar radicalmente su rutina después de décadas de actividad en la radio argentina. Tenía 74 años y detrás dejaba un recorrido profesional que incluyó 35 años de trabajo continuo, con una extensa etapa al frente de El oro y el moro, el ciclo que lo instaló definitivamente en el imaginario de los oyentes.
Entre los programas de su trayectoria, El oro y el moro ocupa un lugar central: González Oro lo condujo durante 15 años, ocupando la mañana y liderando la audiencia de la radio AM durante una década entera. Era ese tipo de envíos donde la actualidad se cruzaba con la calle, donde un oyente llamaba para contar su problema y terminaba siendo escuchado como si fuera un vecino más, una forma de hacer radio muy de nuestra tradición, heredera de los grandes ciclos que marcaron a varias generaciones en este país y que tienen que ver con la historia misma de las colonias, cuando la radio todavía era la compañía principal de la casa.
El último adiós al micrófono en pandemia
La despedida formal de la conducción diaria llegó el 2 de abril de 2021, en una emisión que coincidió con el cierre de sus 35 años de carrera. En aquel programa hubo recuerdos, mensajes de familiares, compañeros de trabajo y público, y un González Oro ya instalado en Uruguay, hablando desde su casa y cerrando con unas palabras que, vistas hoy, parecen un testamento: Me han hecho muy feliz, dijo, mirando de frente a quienes lo habían acompañado tantas mañanas.
El Negro desde Punta del Este
Sin embargo, su instalación en Punta del Este no significó una interrupción completa del trabajo. Desde su casa siguió haciendo entrevistas y, con el paso de los meses, tuvo participaciones ocasionales en radio y televisión, siempre con ese sello característico de hombre de a pie que nunca perdió el contacto con el público. También mantuvo una presencia activa en sus redes sociales, donde compartía recuerdos de su carrera y reflexiones más personales, ese costado que muchos descubrieron en los últimos años y que completó al personaje que ya conocían los oyentes.
Una cena, un recuerdo, una despedida
En Uruguay, González Oro conservó una vida social junto a un grupo de amigos con los que se reunía con frecuencia. La periodista Denise Pessana recordó una cena que habían compartido apenas un mes antes de su muerte, una sobremesa donde, según contó, el Negro desplegó su cultura y esas anécdotas que lo caracterizaban, aunque también lo vio frágil, una imagen que hoy, a la distancia, adquiere otro peso cuando uno reconstruye los últimos tramos de su vida.
“Lo vi frágil, pero estaba lúcido y con esa memoria prodigiosa para las historias. Nos reímos mucho, como siempre.”Denise Pessana
El legado de un conductor de las mañanas
Su carrera quedó ligada especialmente a la conducción radial y a los años de contacto diario con la audiencia, ese ida y vuelta que marcó a fuego a varias camadas de oyentes argentinos y que sigue siendo una de las formas más genuinas del oficio. Si uno repasa lo que dejó, aparece un conductor que supo combinar información, humor y una enorme cuota de humanidad, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro que, en el fondo, es la mejor herencia que puede dejar alguien que eligió la radio como forma de vida.
Antes de cerrar esta nota, quiero dejarles una recomendación personal, como suelo hacer cuando el personaje lo merece y esta vez, créanme, lo merece de sobra: si pueden, busquen alguna de las últimas emisiones de El oro y el moro y escúchenlo en un viaje largo, con el volumen bajo y la ventanilla del auto apenas abierta. Es la mejor manera de despedir a un Negro que, aun habiéndose ido desde Punta del Este, nunca dejó de sonar como si estuviera aquí nomás, del otro lado del parlante, esperando el próximo llamado. Y si tienen a mano, cuéntenme en casa qué recuerdos conservan de sus programas: con esa memoria colectiva vamos a despedirlo como corresponde.
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