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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Sarah Paulson como Aileen Wuornos: cuando la ficción cruza dos casos reales con lazo propio

La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy incorpora a la asesina serial ejecutada en 2002 al relato de Lizzie Borden a través de lecturas, una visita y diálogos que la historia no registra.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Sarah Paulson como Aileen Wuornos: cuando la ficción cruza dos casos reales con lazo propio

Me acuerdo todavía de cuando mi viejo me contaba el caso de Lizzie Borden mientras tomábamos mate en la cocina, una de esas historias de fin de semana que se repetían de generación en generación en las familias de origen irlandés que pueblan buena parte de la provincia de Buenos Aires. Eran relatos orales, casi rituales, donde las mujeres que habían matado a hachazos a sus padres se convertían en fantasmas con los que una aprendía a convivir sin entender del todo por qué. Por eso, cuando Netflix estreno esta nueva temporada de la antología Monster, sentí que volvía a aquella cocina, pero ahora con un agregado que me resulto extraño y, a la vez, inevitable: la irrupcion de Sarah Paulson como Aileen Wuornos, una asesina de finales del siglo XX metida dentro de un relato que pertenece a 1892.

La jugada de los creadores no es menor. Ryan Murphy, Ian Brennan y su equipo ya habian demostrado en temporadas anteriores que les gusta tender puentes entre casos reales y figuras contemporaneas, pero aqui el riesgo es mayor: cruzar a Lizzie Borden con Aileen Wuornos sin que haya, en los papeles, un solo hilo historico que las ate. La serie lo construye a fuerza de lecturas, de una noche en la casa de los Borden y de encuentros imaginarios que, confieso, me dejaron una sensacion rara, como si la television hubiera decidido reescribir la genealogia de los monstruos norteamericanos sin pedirle permiso a nadie.

Dos casos reales que la ficcion decide unir

Para no perderse en el juego narrativo, conviene separar lo que la historia acredita de lo que el guion imagina. Por un lado estan los hechos: Andrew y Abby Borden fueron asesinados en su casa de Fall River, Massachusetts, en agosto de 1892, y su hija Lizzie quedo en el centro de una causa penal que conmovio a Estados Unidos sin que se pudiera probar su participacion. Por el otro, Aileen Wuornos vivio en otro siglo, en otra geografia y en otras condiciones: fue condenada por seis asesinatos cometidos en Florida entre 1989 y 1990, confeso haber matado a siete hombres, argumento al principio que se habia defendido de ataques o intentos de agresion y termino recibiendo la inyeccion letal en 2002, a los 46 años.

  • Los Borden fueron asesinados en 1892 en Massachusetts; Lizzie fue absuelta en un juicio muy discutido.
  • Wuornos fue condenada en Florida por seis asesinatos seriales entre 1989 y 1990.
  • Wuornos fue ejecutada por inyeccion letal en 2002, a los 46 años.
  • No hay registros de que Wuornos haya visitado la casa de los Borden ni de que se obsesionara con el caso.
  • La serie construye un encuentro imaginario entre ambas mujeres a partir del cuarto episodio.

Esos puntos son los que la ficcion toma como punto de partida y los que, a la vez, deja de lado para construir su propia logica. La serie no afirma que Wuornos haya viajado a Fall River ni que se haya quedado una noche en la vivienda donde ocurrieron los hachazos; lo que muestra es una licencia narrativa, un recurso para que dos mujeres marcadas por la violencia convivan en un mismo relato. Cuando uno se deja llevar por esa propuesta, el efecto es potente; cuando uno se pone estricto, aparecen los titubeos que toda biografia ficcionada provoca.

La lectura, la noche y el disparo: tres claves del cruce

El acercamiento entre los personajes se cocina de a poco. A partir del cuarto capitulo, la accion se muda a Florida en 1988 y plantea un encuentro en la ruta que termina, como tantas veces en la historia de Wuornos, con un disparo mortal contra un hombre. Mas adelante, Sarah Paulson aparece leyendo con su novia un libro sobre Lizzie Borden, y ese libro funciona como puerta de entrada: en la lectura, Wuornos encuentra una experiencia con la que se identifica, aunque esa identificacion no figure en ningun expediente. En el sexto capitulo, el recurso toma otra forma: Wuornos permanece en la casa de los Borden mientras el montaje intercala pasajes de la investigacion de 1892, y las visiones terminan de cerrar una asociacion que es, ante todo, una decision de los guionistas.

“El personaje necesitaba un cierre que no fuera feliz, y por eso lo construimos asi, desde la imaginacion y no desde los archivos.”Ian Brennan, cocreador de la serie

Esa frase de Ian Brennan me parece honesta y, al mismo tiempo, es la que mas me obliga a pensar. Lejos de buscar el escándalo facil, los creadores dicen que querian darle a Wuornos un desenlace que tuviera sentido emocional, aunque ese sentido no figure en la cronica policial. Es una postura que respeto como espectador, aunque me deja una pregunta que llevo dias dandome vueltas: que lugar deberiamos permitirle a este tipo de licencias cuando se trata de victimas, victimarios y familias que todavia cargan con el peso de lo que paso. En mi casa, mientras mirabamos los capitulos, hubo silencio largo cuando aparecio la escena del encuentro final entre Lizzie y Wuornos, y ese silencio me dijo mas que cualquier critica que pueda escribir.

Si me permiten la recomendacion de siempre, les digo que se sienten a ver esta entrega como quien abre una novela de esas que se leen de un tirón, con la precaucion de no confundir la biografia con la ficcion y la ficcion con la verdad. Y si tienen a mano el viejo libro sobre Lizzie Borden que mi viejo guardaba en la biblioteca, saquenlo despues del ultimo capitulo: van a entender mejor por que dos historias tan distintas pueden terminar hablando de lo mismo.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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