Cuando el cuerpo dice basta: cinco llaves cotidianas para empezar a salir del burnout
La nutricionista naturópata Jessica Shand advierte que el estrés sostenido altera el cortisol y desordena el sueño, el ánimo y la digestión. Una guía de hábitos simples, con un consejo central: consultar al médico antes de empezar a sumar plantas o suplementos.

Me crucé con esta nota un lunes a las siete de la mañana, cuando ya llevaba quarenta minutos peleándome con la computadora y todavía no había tomado ni un mate. Lo cuento porque ese día entendí, en carne propia, de qué se habla cuando se habla de agotamiento laboral: no es ese cansancio que se va con un domingo deNetflix, sino algo más pesado, más opaco, que se te pega al cuerpo y no lo sacude ni la siesta más larga.
La nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, lo describe con una imagen que me quedó dando vueltas: cuando el estrés se vuelve crónico, el organismo se queda trabado en modo alerta. El cortisol, la hormona que dispara la respuesta de pelear o huir, se mantiene alto durante semanas o meses, y ahí el cuerpo empieza a desatender otras funciones básicas. La digestión se vuelve un dolor de cabeza. El sueño deja de reparar. El ánimo se aplana. Y aparece esa sensación tan típica de despertar cansada, como si la noche no hubiera alcanzado.
Cinco hábitos para empezar a recuperar el ritmo
- Comer con regularidad y armar platos completos, con proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos. Saltarse comidas o vivir a base de ultraprocesados profundiza los bajones de glucosa y, con ellos, la irritabilidad y la falta de foco.
- Cuidar la rutina previa al sueño: un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como señales que le avisan al cuerpo que se acabó la jornada. Más importante que la cantidad de horas es la regularidad de los horarios.
- Sumar plantas asociadas a la relajación, como manzanilla, lavanda, toronjil o pasiflora, dentro de una rutina nocturna que ayude a bajar el ritmo antes de dormir.
- Probar adaptógenos como la albahaca sagrada o la ashwagandha, que la medicina naturópata emplea para mejorar la tolerancia al estrés, siempre con aval profesional.
- Aprender a leer los propios ciclos de energía: registrar cuándo aparece el cansacio más fuerte y cuándo se recupera el foco permite ajustar la agenda en lugar de exigirle al cuerpo lo que no puede dar.
Shand insiste en un punto que no es menor: ni las plantas ni los suplementos son inocuos. Embarazo, lactancia, enfermedades previas o tratamientos farmacológicos son razones de sobra para consultar a un profesional antes de incorporar cualquier cosa. La idea, aclara, no es automedicarse ni armar un protocolo propio, sino sumar pequeñas herramientas mientras se atiende el cuadro con quien corresponde.
Una nota desde el living
Les confieso algo: después de leer a Shand me di cuenta de que llevaba meses con el cortisol por las nubes, comiendo cualquier cosa a las corridas y durmiendo con el teléfono al lado de la cama. Nada raro para quien labura en un portal de noticias, me dirán. Y sí, probablemente. Pero también es cierto que hasta que una no se detiene a mirarlo, el burnout sigue avanzando en silencio, disfrazado de rutina. Por eso me quedo con la idea de fondo de su libro: el agotamiento no se resuelve con un fin de semana largo ni con un like de coaching en Instagram. Se recupera de a poco, con hábitos sostenidos y, sobre todo, con la decisión de dejar de tratarlo como si fuera un lujo y empezar a tomarlo como lo que es: una señal del cuerpo de que algo hay que cambiar.
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