Cuando el Himalaya se vuelve una historia de transformación
Repasamos la película que llevó a Brad Pitt a las puertas del Tíbet, con su director al frente y una amistad con el Dalai Lama como corazón del relato.

A fines de los años ochenta, cuando todavía no soñábamos con la masividad del cine de aventuras en streaming, hubo una película que nos recordó que la montaña más alta del mundo podía ser, también, un escenario para las historias más íntimas. Siete años en el Tíbet, de Jean-Jacques Annaud, regresó al centro de la conversación porque su protagonista, Brad Pitt, volvió a ser noticia por otros motivos, y porque el filme, visto con ojos de hoy, sigue despertando la misma fascinación que cuando se estrenó. Acompáñenme a recorrer esta historia que empieza en un campo base y termina, literalmente, cambiando la vida de su personaje principal.
De Austria al Himalaya: el viaje de Heinrich Harrer
Pitt, a quien siempre llamé simplemente Brad, aunque mis colegas suelen usar su apodo más coloquial, interpreta a Heinrich Harrer, un alpinista de élite que en 1939 decide separarse de su esposa, que está esperando un hijo, para sumarse a una expedición en el Himalaya. Lo que parecía un reto deportivo se cruza con el peor quiebre del siglo XX: el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Harrer y sus compañeros terminan prisioneros, y la montaña deja de ser el destino para convertirse en un paisaje visto a través de la reja.
La fuga, los meses de marcha, los paisajes imposibles y el encuentro con una cultura milenaria van modificando lentamente al personaje. Ya no se trata de conquistar una cima: ahora se trata de entender un mundo distinto al que dejó atrás. Y allí, en ese giro, aparece la otra gran veta de la película.
La amistad con el Dalai Lama, el verdadero corazón
Harrer llega al lugar donde vive el Dalai Lama, y lo que comienza como una curiosidad se transforma en una amistad profunda. Annaud elige contar ese vínculo con paciencia, sin golpes bajos, dejando que la convivencia y los pequeños gestos vayan construyendo algo que se parece mucho a la familia que el protagonista perdió. Es, a mi entender, la parte más conmovedora del filme, la que sostiene el relato cuando la aventura ya dio todo lo que podía dar.
- 1939: Harrer parte hacia el Himalaya y queda prisionero por la Segunda Guerra Mundial.
- Tras escapar, recorre el Tíbet y entabla amistad con el Dalai Lama.
- La película muestra la preparación china para invadir el Tíbet como contexto histórico.
- 1997: China prohíbe los estrenos de Sony y veta el ingreso de Pitt y Annaud.
- 2012: Annaud puede volver a China, donde luego filma El último lobo.
- 2014: Pitt finalmente ingresa al país, con las restricciones ya levantadas.
Las consecuencias fuera de la pantalla
La película no fue un evento solo cinematográfico. En 1997, las autoridades chinas prohibieron los estrenos de Sony, una medida que se mantuvo durante todo ese año, y les vedaron el ingreso al país tanto a Pitt como al director, en principio de manera definitiva. Sin embargo, las restricciones fueron cediendo con el tiempo: Annaud pudo regresar en 2012, y Brad lo hizo en 2014. Son datos que ayudan a dimensionar el peso político que tuvo un rodaje ambientado en una región tan sensible para Beijing.
Siete años en el Tíbet sigue siendo, a mi criterio, una de esas películas que conviene revisitar de vez en cuando. No solo por el viaje por el Himalaya, que ya justifica la función, sino por el retrato de un hombre que llega buscando una montaña y termina encontrando algo mucho más grande. Mi recomendación, como siempre, es verla con tiempo, sin celular cerca y dejándose llevar por la lentitud aparente de los primeros minutos: la recompensa llega, y llega para quedarse.
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