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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el intestino se descompensa: lo que una dieta repetida puede estar haciendo sin que lo notemos

Gases, hinchazón y molestias que se vuelven costumbre suelen esconder causas que no se resuelven con un cambio de menú. Fibra, fermentados, antibióticos y estrés: lo que dice la evidencia y por qué la consulta médica no se reemplaza en casa.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Cuando el intestino se descompensa: lo que una dieta repetida puede estar haciendo sin que lo notemos

Son las siete de la tarde de un martes cualquiera y María, de 52 años, se sienta en la mesa con la misma bandeja de siempre: milanesas con puré, un vaso de gaseosa y un postre de los que se compran en el kiosco. Lleva años repitiendo ese menú casi sin variantes y, hace unos meses, empezó a notar que la panza se le infla después de comer, que los gases la sorprenden en cualquier momento y que el malestar se quedó como un ruido de fondo que ya nadie en la casa comenta. Como ella, somos muchos los que convivimos con esas molestias digestivas pensando que son parte del paisaje y, sin embargo, especialistas en nutrición y gastroenterología vienen alertando hace tiempo: una alimentación poco variada, el uso innecesario de antibióticos y el estrés cotidiano pueden alterar de manera concreta el equilibrio de los microorganismos que viven en nuestro intestino, y eso tiene consecuencias que van mucho más allá de una simple molestia pasajera.

El peso de comer siempre lo mismo

La dietista clínica Jenna Volpe lo explica sin rodeos: sostener en el tiempo una dieta con poca diversidad de alimentos y con predominio de ultraprocesados puede modificar la composición de la microbiota intestinal, ese conjunto de bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que habitan en el tubo digestivo y que participan en la digestión, en las defensas del organismo y hasta en la forma en que obtenemos energía de lo que comemos. Cuando ese ecosistema se desequilibra, el cuerpo queda más expuesto a procesos inflamatorios que, de a poco, se hacen sentir. Por eso la recomendación de base no pasa por sumar suplementos mágicos ni por hacer una dieta de moda: pasa por volver a la variedad. La fibra, presente en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, es el alimento predilecto de buena parte de esos microorganismos, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja incluir estos grupos en la alimentación diaria y llegar, como mínimo, a los 400 gramos diarios de frutas y verduras.

Fermentados, antibióticos y estrés: los otros factores que entran en juego

  • Los alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir o el chucrut, pueden formar parte de una dieta variada y aportar bacterias beneficiosas, pero incorporarlos no sustituye una consulta profesional cuando los síntomas se repiten, advirtió la especialista en nutrición clínica Marcie Vaske.
  • Los antibióticos son herramientas necesarias frente a infecciones bacterianas cuando un médico los indica, pero su uso innecesario puede afectar a microorganismos intestinales beneficiosos. La indicación sanitaria es clara: tomarlos solo con prescripción y completar el tratamiento.
  • El estrés, muchas veces subestimado, también pesa sobre la digestión. La gastroenteróloga Asma Khapra explicó que puede alterar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal, lo que se traduce en hinchazón, dolor y cambios en el ritmo de las evacuaciones.
  • La actividad física completa el cuadro: para adultos, la OMS recomienda entre 150 y 300 minutos por semana de actividad aeróbica moderada, una pauta que ayuda al funcionamiento general del aparato digestivo y al bienestar del organismo en su conjunto.

Por qué las molestias repetidas merecen una consulta

Acá viene la parte que muchos postergan. Gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones que se sostienen en el tiempo no deberían normalizarse, porque pueden estar ligados a intolerancias, a enfermedades digestivas concretas o a alteraciones de la microbiota que un consejo general leído en una revista no alcanza a resolver. La propia Vaske fue tajante al remarcar que esas molestias requieren evaluación profesional cuando se prolongan. Buscar soluciones caseras, sumar fermentados por cuenta propia o automedicarse puede, en el mejor de los casos, no hacer nada y, en el peor, demorar un diagnóstico que necesita tiempo y un profesional que lo guíe.

Cierro esta nota con una imagen que me quedó dando vueltas: la de María, su bandeja repetida y su panza que ya nadie nombra en la mesa. La ciencia viene diciendo hace rato que el intestino no es un organismo aislado y que lo que comemos, los medicamentos que tomamos y el estrés que cargamos dialogan todo el tiempo con los millones de microorganismos que llevamos adentro. Cuidarlos es, en gran parte, un trabajo cotidiano de variedad, de movimiento y de atención a lo que el cuerpo nos viene avisando. Y cuando el aviso se vuelve repetido, la respuesta más sensata sigue siendo la misma de siempre: sentarse frente a un profesional y contarle lo que está pasando. Eso, al menos, no lo reemplaza nada de lo que podamos leer en casa.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida

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