Cuando el rumbo parece propio y en realidad viene heredado: dos preguntas para desarmar el molde
Un filósofo y profesor de la Universidad de Emory, Ira Bedzow, propone interrogar de quién es la vida que llevamos y quién debería fijar las reglas. La mecánica no es complicada, pero incomoda, porque obliga a mirar de frente la distancia entre lo que uno quiere y lo que cree que le toca querer.

Me acuerdo de la cara de una amiga cuando, en una sobremesa de domingo, le pregunté por qué seguía trabajando en un estudio contable al que había entrado a los diecinueve años para pagar la facultad. Se quedó callada un rato largo, miró la taza de café como si ahí adentro estuviera la respuesta y me dijo, con una honestidad que le había costado años de silencios: "porque mi viejo siempre dijo que un título sin matrícula colgada en la pared no servía de nada". Ahí entendí, mientras ella hablaba, que no me estaba contando una elección, me estaba contando una herencia disfrazada de proyecto propio.
Esa escena vuelve cada vez que alguien me hace notar lo difícil que resulta distinguir entre lo que genuinamente queremos y lo que incorporamos como mandato desde chicos, desde el barrio, desde la familia. Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, en la Universidad de Emory, tomó ese mismo nudo y lo tradujo a dos preguntas que parecen simples, aunque la segunda tiene filo: de quién es la vida que estás viviendo, y quién debería determinar cómo vivís. La primera suele recibir una respuesta rápida, casi automática, porque en general uno ya se la repitió muchas veces frente al espejo. La segunda, en cambio, raspa.
El guión que llega sin que nadie lo firme
Bedzow lo explica con una frase que a mí me suena a confesión: "es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo". Esa comodidad, sostiene el filósofo, puede llevar a transitar años enteros siguiendo un libreto que ni siquiera escribimos, y ni siquiera nos sentamos a leer con atención para saber si nos convence.
El punto, aclara, no es cortar con los demás ni levantar un muro alrededor de las decisiones propias. Existe una diferencia enorme, y él la marca con precisión, entre recibir perspectivas externas y cederles el control. Conversar con un colega sobre una oferta laboral, escuchar a un amigo que cuestiona una suposición sobre una relación, pedirle a un familiar que revise un plan: todo eso puede iluminar ángulos que uno no había visto. La cuestión pasa por quién firma la decisión final y con qué criterios la firma. Si los criterios son míos, bien. Si son de alguien más, por más querido que sea, conviene detenerse un momento antes de firmar nada.
Lo que más me interesa, y se lo escuché decir a Bedzow con una convicción que contagia, es que la pregunta por lo que merece ser buscado no es un lujo filosófico reservado para tardes de lluvia. Es una herramienta concreta, con efectos concretos, sobre cómo uno se levanta a la mañana y para qué se levanta. Cuando uno se hace cargo del rumbo, deja de vivir en piloto automático. Y cuando deja de vivir en piloto automático, también se hace responsable de los errores, que es, en el fondo, la única manera genuina de festejar los aciertos.
“No significa mirarse el ombligo, sino examinar las razones por las que elegimos lo que elegimos, considerar alternativas y aprender de los resultados.”Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, Universidad de Emory
Me quedo pensando en mi amiga del estudio contable, que al final se recibió de profesora de literatura a los cuarenta y dos y hoy da clases en una escuela rural de Entre Ríos. Me dijo, la última vez que hablamos, que la pregunta de Bedzow le había llegado tarde pero le había llegado bien. No tengo motivos para dudarle. Las dos preguntas, la de la vida que se vive y la de quién debería decidir cómo se vive, sirven sobre todo para eso, para llegar a tiempo a una conversación pendiente con uno mismo. Aunque sea una tarde de domingo, con el café ya frío y la verdad todavía tibia.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Una ballena se lo tragó y lo devolvió mientras hacía packrafting en el Estrecho de Magallanes

Por estas 5 razones debemos "desintoxicamos" de las redes sociales y superar la abstinencia

Orgullo total: Neuquén se consagró en Laborde con lo mejor del malambo, la danza y la música
