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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Cuando el teatro de revistas llamaba a los soldados y ahora el cine les pone otra música

La película “La bola negra” rescata “Soldadito español”, una pieza de 1928 que cantaban Marujita Díaz y antes un Madrid de varietés, y la reversiona Judeline con un registro más íntimo; una excusa para repasar de dónde viene, qué dijo y por qué sigue interpelando casi un siglo después.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Cuando el teatro de revistas llamaba a los soldados y ahora el cine les pone otra música

A fines de los años ochenta, cuando uno era chico y la televisión abierta todavía regalaba películas en blanco y negro los domingos a la tarde, me crucé por primera vez con una tonada que se repetía en escenas de bailes y desfiles: aquella marchita simpática que hablaba de un soldado con su morral y su fusil. Mucho después supe que era “Soldadito español”, un tema de 1928 escrito por Jacinto Guerrero y Pedro Muñoz Seca para una revista teatral del Teatro Price de Madrid. Casi cien años más tarde, esa misma canción aparece en la banda sonora de “La bola negra”, la película que vuelve a ponerla en circulación con la voz de Judeline, y me parece un buen motivo para repasar su historia y entender por qué sigue dando que hablar.

El tema forma parte de “La orgía dorada”, una revista con libreto de Pedro Muñoz Seca y Tomás Borrás, música de Guerrero y dirección de Pedro Pérez Fernández. Se estrenó el 23 de marzo de 1928 en el Price y proponía, a lo largo de diecinueve cuadros, el periplo de un dramaturgo obligado a escribir una pieza para la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. En ese marco festivo, con números corales y sketches de actualidad, “Soldadito español” rendía un guiño –no siempre inocente– a los militares que habían peleado en Cuba, Filipinas y el Rif. La composición se terminó de pulir en los últimos meses de la guerra del Rif, un conflicto que dejó miles de muertos del lado colonial y que la propaganda de la época prefería envolver con estribillos pegadizos antes que con cifras.

De la revista al franquismo y de la dictadura al streaming

Lo interesante de las canciones antiguas, y aquí toca decirlo sin vueltas, es que no envejecen todas igual: hay piezas que cambian de piel según quién las cante y en qué momento. “Soldadito español” pasó delPrice al circuito de varietés, se reimprimió en cancioneros de los años treinta y, ya durante el franquismo, quedó asociada a una lectura casi de homenaje castrense. Una de las versiones más recordadas fue la de Marujita Díaz, que la llevó a escenarios y a la pequeña pantalla con uniforme y gorra de plato, transformándola en una suerte de himno popular festivo. El propio Ministerio de Defensa de España reconoció, en documentos públicos, que la canción buscaba “enardecer y homenajear al Ejército a través de su figura más humilde, pero más importante: el soldado, el soldadito español”. Lo dijo la institución, no yo.

En “La bola negra”, la lectura se corre de esa épica de desfiles. La interpretación de Judeline trabaja con un registro más contenido, casi íntimo, donde la voz lleva el peso y la instrumentación se ordena para sostener la emoción sin aplastarla. No es una refundación estética, ni pretende borrar lo que el tema significó: es, más bien, una nueva capa que se suma a las anteriores, como cuando uno vuelve a una calle de la infancia y la reconoce, pero la ve con ojos distintos.

“La canción fue creada para enardecer y homenajear al Ejército a través de su figura más humilde, pero más importante: el soldado, el soldadito español.”Ministerio de Defensa de España

Qué mirar cuando la escuchemos

Voy a cerrar con una recomendación personal, porque creo que es la manera más honesta de terminar esta columna: dense el gusto de escuchar la versión de Judeline cuando esté en streaming, y si pueden, busquen también alguna grabación de Marujita Díaz o de las orquestas de la época. Pongan las dos juntas, una tras otra, y van a sentir lo que yo sentí mientras escribía esto: que una misma canción puede sonar a desfile, a café de barrio o a escena íntima de cine sin dejar de ser, en el fondo, la misma melodía de 1928. Eso, para mí, es parte de lo que vuelve interesante al repertorio popular, y también lo que hace que el trabajo de “La bola negra” merezca, como mínimo, una escucha atenta.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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