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De una chacra en San Martín de los Andes al podio de los premios más importantes del mundo de la mermelada

Tres recetas elaboradas por jóvenes con discapacidad que integran Puentes de Luz viajaron a Inglaterra, compitieron contra 3.400 productos de 33 países y volvieron con medallas de bronce y una mención de honor. Detrás de cada frasco hay casi veinte años de una organización que convirtió el trabajo artesanal en un proyecto de vida para más de cien personas en la Patagonia.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
De una chacra en San Martín de los Andes al podio de los premios más importantes del mundo de la mermelada

Me acerco hasta la chacra todavía con el frío de la mañana patagónica colgado en la campera. Hay movimiento entre los árboles y las plantas aromáticas, hay manos que cosechan con cuidado, hay pailas que empiezan a entibiarse. Lo que en cualquier otro lugar del mundo sería apenas una línea de producción acá tiene nombre y apellido: es Sabor Natural, es Puentes de Luz, son más de cien personas con discapacidad que encontraron en la mermelada artesanal algo mucho más grande que una salida laboral.

Un podio inesperado en tierras inglesas

En la edición 2026 de los Dalemain World Marmalade Awards, la competencia que desde hace más de dos décadas se organiza en el Reino Unido y que reúne a productores de todos los continentes, tres productos elaborados en San Martín de los Andes fueron reconocidos entre 3.400 presentaciones llegadas desde 33 países. La mermelada de limón y menta con bayas de arrayán se llevó una medalla de bronce, al igual que la de naranja tradicional, mientras que la receta de naranja con clavo de olor y canela fue distinguida con una mención de honor. Para el paladar inglés, acostumbrado a las conservas británicas clásicas, fue toda una sorpresa encontrarse con frutas y aromas que llevan la firma inconfundible de la Patagonia argentina.

La edición limitada de esos tres frascos premiados estará disponible para el público en los próximos meses, según confirmaron desde la organización. Es una manera, también, de devolver al mercado lo que el mercado acaba de darle: un espaldarazo internacional que no llegó de la nada, sino de años de práctica, de pruebas, de ajustar punto por punto cada receta hasta dar con una textura y un sabor que pudieran competir de igual a igual contra los grandes productores europeos.

Una chacra que funciona como taller, y un taller que funciona como hogar

Sabor Natural es mucho más que el área productiva de Puentes de Luz: es el lugar donde la cocina, el campo y el aprendizaje se cruzan todos los días. Los y las participantes intervienen en cada etapa del proceso, desde la cosecha en la chacra hasta el etiquetado final. También se elaboran miel y blends de especias que ya se consiguen en distintos puntos de la Patagonia y del país, una red que fue creciendo a fuerza de constancia y de ir mostrando, frasco por frasco, que el trabajo bien hecho no necesita de grandilocuencia para destacarse.

La organización nació en 2007, de la mano de un grupo de familias que se negaron a aceptar que para sus hijos e hijas con discapacidad no hubiera un horizonte concreto en San Martín de los Andes. Entre los fundadores está Luis Rodríguez, psicólogo y hermano de una mujer con síndrome de Down, que se convirtió en una de las piezas clave del proyecto y que más tarde, en 2012, impulsó la apertura del Centro de Día propio. Antes, muchas familias tenían que viajar varias horas hasta Neuquén capital o Bariloche para acceder a servicios de atención. Hoy, casi veinte años después, esa peregrinación es parte del pasado.

Nombres propios, trayectorias concretas

Cuando uno recorre la chacra y los talleres, las cifras dejan de ser frías y pasan a tener cara y voz. En casi dos décadas, Puentes de Luz acompañó de forma cotidiana a más de cien personas con discapacidad, ofreció espacios de apoyo a más de mil familiares y capacitó a más de seis mil docentes y profesionales. Sus eventos comunitarios, abiertos al público de la zona, convocaron a más de treinta mil personas. Son números que impresionan, pero que se entienden mejor cuando se los traduce en historias como las que la organización suele compartir.

Una medalla que se cocina en equipo

Lo que terminó en el podio inglés se cocina mucho antes de llegar a una paila. Se cocina en la decisión de familias que se juntaron para hacer algo distinto, en la apuesta por un Centro de Día propio, en la paciencia de probar recetas hasta que la mermelada salga exactamente como tiene que salir, en el entrenamiento en básquet adaptado, en las telas pintadas con identidad local. Cada medalla de bronce y cada mención de honor que se trajo la chacra de Puentes de Luz lleva, en su interior, el ADN de una comunidad entera que decidió que la discapacidad no podía seguir siendo sinónimo de exclusión ni de aislamiento.

Yo me fui de la chacra con la sensación de que había visto trabajar a un equipo, no solamente a una fundación. Volví pensando en las familias que en 2007 se plantaron con una idea modesta y la convirtieron, con el paso de los años, en un proyecto productivo que hoy compite contra los mejores del mundo. Y me quedé dando vueltas a una certeza que cada tanto vale la pena repetir: cuando se habla de inclusión, no alcanza con los discursos; hace falta lugar, tiempo y, sobre todo, alguien que tienda la primera mano. En San Martín de los Andes, esa mano lleva veinte años tendida y, ahora también, medalla de bronce.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida

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