Despedida en blanco y negro: el mensaje de Cindy Crawford para cerrar un duelo que conmovió a Hollywood
Casi un mes después de perder a su hijo Presley, la supermodelo publicó un mensaje en redes que combinó dolor familiar, gratitud pública y la decisión íntima de contar la historia con una foto y una firma compartida con Rande y Kaia Gerber.

Tengo que confesarles que cada vez que me siento a escribir sobre una despedida como la de Presley Gerber, me vuelve a la memoria aquella primera vez que vi a su madre en una revista, allá por los años noventa, cuando yo apenas empezaba a entender que el mundo de la moda podía ser también una enorme novela familiar: hoy, Cindy Crawford, aquella chica de Illinois que se convirtió en ícono global, tuvo que sentarse frente a una pantalla para despedir a su propio hijo, y ese contraste tan brutal es lo que todavía no termino de digerir como periodista y como ser humano.
Lo concreto es que el joven murió el 20 de septiembre en una residencia de rehabilitación ubicada en Santa Mónica, Los Ángeles, tenía 27 años y los informes oficiales determinaron que la causa fue un paro cardíaco provocado por una sobredosis accidental; había nacido el 2 de julio de 1999 y durante las semanas previas a la publicación la familia había mantenido un silencio deliberado, pidiendo privacidad para atravesar el duelo como entienden que debían atravesarlo, sin la presión de las cámaras y de la opinión pública que suele instalarse en la puerta de las casas célèbres cada vez que algo se quiebra en su interior.
Las palabras de una madre en blanco y negro
Para acompañar el mensaje, Cindy eligió una fotografía en blanco y negro del joven vestido con unas alas de ángel, una imagen que inevitablemente se lee como una despedida en clave simbólica, como si quisiera convertir esa última foto en una postal mandada desde un lugar al que todavía no aprendemos a llamar con su nombre verdadero y que, sin embargo, habitamos desde que perdemos a alguien por primera vez; en esa misma publicación la supermodelo escribió que están profundamente desconsolados por la pérdida de su amado hijo y hermano, junto a Rande Gerber, el padre de Presley, y a Kaia Gerber, su hermana menor, que también aparece firmando el texto y que en los últimos años se había transformado, a fuerza de talento, en una de las caras más interesantes de la nueva generación de modelos en Hollywood, Nueva York y Milán.
“Nos sentimos muy afortunados de haber tenido a Presley en nuestras vidas durante 27 años. Estamos muy orgullosos de cómo vivió en este mundo, con bondad y vulnerabilidad.”Cindy Crawford
Adicciones, salud mental y el largo silencio de la familia
La propia nota familiar agregó un agradecimiento que vale la pena leer despacio, porque allí aparece esa veta de humanidad que tanto me interesa del mundo del espectáculo, esa zona donde el glamour deja de ser una marca registrada para convertirse en una manera de pedir compañía: agradecemos la inmensa muestra de amor y apoyo de tantas personas que conocen y quieren a nuestra familia, e incluso de desconocidos que comparten nuestro dolor, escribieron, y esa frase, escrita a varias manos, me parece la forma más honesta posible de cerrar una herida sin cerrarla del todo, porque nadie la cierra del todo, y menos cuando alguien se va con apenas 27 años.
Si me permiten la licencia, me quedo con la recomendación de leer la publicación original como se lee una carta de época, de esas que se guardaban en los cajones y se releían cuando hacía falta, porque más allá del dolor evidentísimo que transmite hay un detalle que me parece decisivo y que va a quedar flotando en el aire de esta historia familiar: la decisión de exponer la vulnerabilidad del joven como un orgullo y no como una debilidad, presentada por sus propios padres como una forma de haber habitado el mundo, con bondad y con esa fragilidad que todos llevamos encima y que a veces, cuando aparece en los hijos, las familias no saben bien cómo nombrar; en mi caso, como periodista y como viejo lector de estas historias, prefiero quedarme con esa enseñanza silenciosa antes que con cualquier título catástrofe, y les sugiero a ustedes que hagan lo mismo, porque cuando el tiempo pase, lo que va a quedar en pie no es el nombre de un procedimiento policial ni la frialdad de un parte médico, sino la decisión íntima de una madre de despedirse en público para que nadie, ni siquiera los desconocidos, se sienta solo en un duelo tan enorme.
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