El Pirata se adueñó del Kempes con un gol de refresco y un arquero que voló
Belgrano le ganó 1-0 a Talleres en el clásico cordobés de la fecha 11 del Clausura. Hernández entró desde el banco y facturó; Vicentini se vistió de muralla.

Se acomoda en la sillita, se prende el transistor y arranca la tarde: el clásico de Córdoba se pintó de celeste. Belgrano se llevó un 1-0 del Mario Alberto Kempes, ese Monumento que esta vez jugó de patio ajeno, y se quedó con el interzonal de la undécima fecha del Clausura. La tarde, húmeda como pocas, puso a la transpiración como duodécimo jugador de los dos lados.
El gol llegó cuando el partido pedía otra cosa. A los 41 del primer tiempo, Talleres se había adelantado en el campo, perdió la pelota y la jugada se dio vuelta como una media. Centro desde la izquierda, Fernández no pudo definir y Ramiro Hernández, que había entrado hacía poco por Francisco González Metilli, la empujó dentro del área. Un gol con sello del banco, de esos que los técnicos sueñan y que Zielinski se llevó puesto.
El banco movió la balanza
Zielinski no se quedó quieto. Metió a Fernández por Passerini, después a Benítez, Longo y Velázquez por Morales, Vázquez y Rigoni. La lectura fue clara: piernas frescas para un partido trabado, donde el físico pesa tanto como la idea. Y el gambeteo le salió redondo: el que entró hizo el gol y los otros le cambiaron la cara al equipo en el momento justo.
Vicentini, el arquero que se hizo gigante
Si Belgrano se volvió a casa con los tres puntos, gran parte del crédito va a parar a las manos de Manuel Vicentini. El uno desvió al córner un cabezazo de Valentín Depietri, le sacó por encima un tiro libre a Giovani Baroni, un pibe de 17 años que acababa de entrar y casi se da un bautismo soñado. Antes, Rick había hecho temblar el palo con un zurdazo y Diego Valoyes había cabeceado desviado con el arco libre. Tres situaciones clarísimas, todas negadas. Talleres las tuvo, no las metió.
La visita también generó lo suyo. Lucas Zelarayán cabeceó alto desde un córner, Passerini cerró una contra con un disparo que se fue por arriba, y un error de Román Riquelme dejó la pelota servida para una combinación que Unsain cortó justo a tiempo. Después del gol, el propio Zelarayán se tomó revancha parcial: remató de derecha desde la puerta del área y la pelota besó el palo antes de cruzar entera. Era el segundo, pero no quiso entrar. La definición, para qué: ganó el que más.
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