El taller donde se cose el personaje: Florencia Tellado y el vestuario de la serie de Moria Casán
Una sombrerera con oficio de publicidad, tres maestras que le enseñaron a medir el silencio y un encargo que llegó por audio en medio de un cumpleaños de chicos: cómo se construyó el guardarropa de la biopic de La One, con piezas a medida, ferias americanas y una única reunión cara a cara.

Me abre la puerta con una sonrisa rápida y todavía algo de polvo de taller en los puños del delantal. Florencia Tellado acaba de cortar una cinta, literal: la del ingreso a su propio loft de Palermo, sobre la calle Matienzo, 145 metros cuadrados de luz alta y mesas largas donde hace pocas semanas todavía se amontonaban las perchas con los trajes de la serie biográfica de Moria Casán. Tiene 43 años, dos décadas largas de carrera en publicidad y producción audiovisual, y me cuenta, mientras apoya una taza sobre una tabla de planchar, que lo único que la atraviesa la cabeza desde hace meses es una idea que repite como un mantra: cómo representar a Moria siendo fiel a un estilo que, dice, es de los más definidos que conoció.
Un audio en medio del cumple
El encargo le llegó por un mensaje de voz mientras estaba en un cumpleaños infantil. La llamó un director audiovisual con el que había trabajado en comerciales y le propuso hacerse cargo del vestuario de la ficción que protagoniza Griselda Siciliani como Moria Casán. Florencia nunca había vestido una serie: su mundo era la publicidad, los rodajes cortos y, en paralelo, la sombrerería, ese oficio lateral que se le fue volviendo central. La propuesta la obligó a saltar al vacío, aunque, según me dice, lo pensó poco: tenía en la cabeza una imagen muy concreta de lo que quería construir.
El proyecto arrancó en julio del 2025 y se extendió hasta febrero de este año, siete meses en los que convivió con un equipo de arte y un elenco que interpreta a la misma Moria a lo largo de toda su vida, sin un orden cronológico. Eso, me explica, fue el verdadero: había que armar un universo de vestuario en el que cada época se reconociera de un vistazo, pero sin que las distintas actrices parecieran disfrazadas de la misma persona en cuerpos distintos. La solución fue trabajar pieza por pieza, sin atajos.
Trajes a medida y ferias americanas
Para las actrices principales, los trajes más importantes se hicieron a medida: cada uno pensado para el cuerpo que lo iba a llevar y para el momento de la vida de Moria que tocaba contar. El resto del guardarropa se resolvió alquilando, comprando y reformulando piezas existentes. Buena parte del material vintage salió de ferias americanas que Tellado y su equipo rastrearon durante meses, ferias que ella describe casi como canteras: lugares donde aparecen tapados, blusas y accesorios que, con un retoque de costura o un cambio de forrería, terminan funcionando como si hubieran sido pensados para el personaje.
“Tiene un estilo muy definido. En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no.”Florencia Tellado
Esa capacidad de separar rápido lo que es de Moria de lo que no es de Moria, me dice, fue la clave para no perderse en un archivo que terminó siendo enorme. La regla de oro, repite, es que en una serie de estas características el vestuario no puede competir con la actriz: tiene que acompañarla, sostenerla, casi desaparecer cuando funciona bien. Si el espectador se acuerda del vestido y no de la escena, algo se rompió.
- La pieza más difícil fue el sombrero que abre la serie, porque define el tono de todo lo que viene después.
- Para los looks más estridentes de los años ochenta y noventa se trabajó con géneros pesados, que requieren figurines especialmente reforzados.
- El equipo de arte y el de vestuario hicieron pruebas de cámara conjuntas para evitar que los colores se "comieran" la iluminación.
- Cada actriz del elenco tuvo al menos una prueba presencial en el taller de Palermo antes del rodaje.
- La única reunión cara a cara con Moria Casán fue al inicio del proceso y duró poco más de una hora, según cuenta Tellado.
La escuela del sombrero
Antes de meterse en el universo Moria, Florencia llevaba 22 años armando looks para publicidades. En paralelo se formó como milliner, diseñadora de sombreros, con tres maestros que enumera como si fueran sus puntos cardinales: Hilda Juárez, la sombrerera histórica del Teatro Colón; Laura Noetinger, la elegida por la reina Máxima de Holanda para varias de sus apariciones públicas; y la británica Noel Stewart, en Londres, responsable de piezas para casas como Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De esa temporada londinense rescata algo que, dice, aplica todos los días: la disciplina del silencio y la precisión. En sombrerería, me explica, un milímetro fuera de lugar arruina una pieza entera, porque la cabeza no perdona. Esa misma exigencia fue la que se trajo al taller de Palermo y la que, asegura, le permitió terminar los ciento y tantos personajes del guion sin perder el control.
Entre sus trabajos más visibles aparecen el sombrero que lució Paco Amoroso en su presentación para el Tiny Desk, una pieza que circuló por redes hasta volverse inseparable de esa actuación, y los pedidos que le llegaron por Instagram desde la producción de Marilyn Manson, que la contactó para encargarle diseños. Pero el proyecto de la serie de Moria, me dice mientras acomoda unas telas en una percha, fue otra escala: no sólo por la cantidad de piezas, sino porque por primera vez tuvo que contar una vida entera a través de la ropa.
Ahora, con la serie por estrenar, Florencia me cuenta que su próximo desafío personal le sigue dando vueltas en la cabeza: vestir a Lady Gaga. Lo dice sin grandilocuencia, casi como quien anota un pendiente en una lista, aunque inmediatamente aclara que es un objetivo y no un rumor, algo que quiere empujar desde su propio taller. Mientras tanto, sigue recibiendo encargos de vestuario y accesorios en el loft de Matienzo, donde una cortina recién colgada todavía conserva la marca del plegado. Me despido en la puerta, me mira y me dice, con esa mezcla de seriedad y humor que gastan los que laburan en silencio: "Cuando estrene la serie, contame qué te acordás de los trajes". Me quedo pensando que, si el oficio está bien hecho, probablemente me acuerde de Moria, no de los trajes. Y eso, según me acaba de explicar, sería la mejor noticia para su taller.
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