Esa palabra que no aparece: por qué se nos va y cuándo conviene prestarle atención
A todos nos pasa, pero si se repite y complica la charla, puede ser una señal. Una neuropsicóloga clínica explica qué hacer en el momento y en qué momento consultar.

Lo que me pasó ayer fue una pavada, pero me dejó pensando. Estaba en la verdulería, le pedía al muchacho el morrón rojo y, de golpe, la palabra se me escapó. Sabía exactamente qué quería, lo señalé con el dedo y hasta le dije el color. «El pimiento, el ají, lo rojo grande...», le insistí, y la palabra morrón no aparecía por ningún lado. Me reí con un poco de vergüenza y el pibe me miró como si nada, me lo alcanzó y listo. Salí de ahí preguntándome si eso que me ocurrió es lo que siempre se llama tener la palabra en la punta de la lengua, porque la verdad es que me pasó muchísimas veces, y siempre me intriga por qué el concepto llega clarito pero el sonido se traba. Esta vez decidí consultar a alguien que sabe del tema para entender qué hace que se nos vaya una palabra de la cabeza y, sobre todo, en qué momento vale la pena dejar de tomárselo como una tontería y empezar a prestarle atención.
Por qué se nos escapan las palabras
“Acceder a una palabra requiere activar primero su significado y después recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse por un momento.”Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica
La especialista, con quien pude conversar para esta nota, lo explica de un modo bastante gráfico y que, al menos a mí, me sacó la preocupación de encima. Cuando uno quiere decir algo, primero aparece el significado, la idea, y recién después se monta sobre esa idea el sonido, la palabra terminada que sale por la boca. Lo que pasa cuando tenemos la palabra en la punta de la lengua es que esa segunda parte, la de recuperar el sonido exacto, se demora o se interrumpe por un rato. Lo que no se fue es la palabra en sí, sino el camino para pronunciarla, algo que me dejó más tranquila porque yo siempre pensé que se me estaba olvidando todo junto.
Qué se puede hacer en el momento
Pensar en la letra con la que empieza la palabra, en el uso que le damos o en alguna característica del objeto, como el color, el tamaño o la forma, también puede ser una pista útil, según me contó Sánchez Salinas. La idea es ir rodeando el término hasta que aparezca solo, sin desesperarse ni presionarse, porque el esfuerzo por encontrarlo a veces es lo que más traba el recuerdo. La especialista también propone algunos hábitos que ayudan a mantener la agilidad verbal en el día a día: hablar con otros sobre temas que nos interesan, contar cosas usando nuestras propias palabras en lugar de repetir frases hechas, y reducir las distracciones mientras conversamos, algo que a los y tantos nos cuesta cada vez más con el celular a mano y la cabeza en mil lados a la vez. Son actividades que parecen simples, pero obligan a recuperar conocimientos guardados, ordenar ideas y sostener la atención en el intercambio, que es justamente lo que cuesta cuando la palabra no aparece.
Cuándo conviene consultar
Acá viene la parte importante de la charla que mantuve con la neuropsicóloga, porque no todas las pausas son iguales. Una cosa es que una palabra se nos escape de vez en cuando, sobre todo estando cansados, distraídos o con presión, y otra muy distinta es que el fenómeno se vuelva frecuente, empiece a complicar la comunicación o venga acompañado de confusiones para nombrar objetos de uso cotidiano. Sánchez Salinas recomienda prestar atención cuando aparecen esos cambios notorios en el habla, ya sea que los advierta uno mismo o que los señalen los seres queridos, y sobre todo cuando la dificultad representa un cambio respecto de cómo nos comunicábamos antes. Si la cosa interfiere con la vida cotidiana, lo que corresponde es hacerse una evaluación clínica y neuropsicológica para entender qué está pasando y, si hace falta, empezar un tratamiento. Yo me quedo con eso, con la tranquilidad de que tener la palabra en la punta de la lengua es algo normal, sobre todo mientras dormimos mal o andamos con la cabeza en otra parte, y con la idea de no naturalizar algo que se vuelve un obstáculo para hablar con los demás, porque a veces una consulta a tiempo hace la diferencia. Soy Soledad Da Silva, y nos vemos en la próxima nota.
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