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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Hairspray se despidió en lo más alto y una rareza filosófica se coló entre los monstruos de la cartelera

El musical de Betular, Radano y Morandi cerró su temporada 2026 liderando el ranking de Aadet; en el noveno puesto se metió Mamá, soy un idiota, la propuesta de Sztajnszrajber y Mazur que, con apenas dos funciones, hizo temblar a la estadística.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Hairspray se despidió en lo más alto y una rareza filosófica se coló entre los monstruos de la cartelera

A veces uno vuelve a la misma sala donde vio un estreno hace décadas y se da cuenta de que el teatro no cambia: cambia la gente que lo llena. Esta semana en Buenos Aires pasó algo de eso, y quiero contárselo como si estuviéramos charlando en un café de la calle Corrientes, después de la última función, con el alma todavía tibia.

La despedida de la gorda más querida

Hairspray, el musical que trajo a Buenos Aires la historia de Tracy Turnblad, esa chica de Baltimore que sueña con bailar en un programa de televisión en los años sesenta, cerró su temporada 2026 en el primer puesto del ranking semanal de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales. La pasó bárbaro en lo más alto. Volverá en marzo del año próximo, según confirmaron los productores, y mientras tanto deja la corona en el escenario. La puesta, que tiene a Damián Betular, Alejandra Radano y a la enorme Sofía Morandi como motores principales, se despidió con el reconocimiento de un público que la acompañó función tras función en una de las salas más grandes del circuito comercial.

Debajo de ese gigante se acomodaron dos títulos que ya son clásicos de la cartelera porteña. Sottovoce, la comedia que encabezan Fernán Mirás, Carla Peterson, Adrián Suar y Lorena Vega, terminó segunda, mientras que Desde el jardín, con Guillermo Francella en uno de esos papeles donde el Peluca parece estirar el tiempo a su favor, completó el podio. Rocky, con Nicolás Vázquez y Dai Fernández, y Una navidad de mierda, el desatino familiar que sostienen Verónica Llinás y un elenco de pura cepa cómica, cerraron los primeros cinco lugares.

El filósofo que hizo ruido con apenas dos funciones

Pero a mí, querido lector, lo que realmente me llamó la atención esta semana fue lo que pasó en el noveno puesto. Ahí, metido entre monstruos de la industria, se coló Mamá, soy un idiota, la obra del filósofo Darío Sztajnszrajber junto a la coreógrafa Leticia Mazur en el Teatro Politeama. Con apenas dos funciones en la semana, este cruce entre pensamiento y danza le ganó el pulso a La función que sale mal, que acumuló seis representaciones en el mismo período y quedó por debajo.

“Cuando un pensador y una bailarina se sientan a la misma mesa a contar una pérdida, el resultado no se parece a nada que esté en cartel.”Osvaldo Duarte

La propuesta fue presentada como una ficción filosófica que parte de una pérdida biográfica real, y esa definición alcanza para entender por qué le sobró público en lugar de faltarle. En un circuito donde predominan las comedias, los musicales y los tanques con nombre pesado, que un experimento íntimo aparezca en el top ten habla de una ciudad que todavía se deja tentar por la ideas cuando vienen bien contadas y mejor actuadas.

El resto del ranking y un cierre con Elena Roger

  • Berlín, Berlín, con Pablo Rago, se metió en zona de privilegio.
  • Cuestión de género, con Moria Casán y Jorge Marrale, sostuvo su tirón.
  • Annie, con Lizy Tagliani y Julieta Nair Calvo, completó la primera parte de la tabla.
  • Mamá, soy un idiota se coló en el noveno puesto con dos funciones.
  • La función que salió mal quedó décima pese a sus seis funciones semanales.

Fuera del ranking comercial, la semana también dejó un cierre que vale la pena recordar. Invasiones I, la ópera rock que Elena Roger viene sosteniendo con una energía descomunal en el Teatro San Martín, terminó su temporada el domingo con la sala llena y nada menos que 88 funciones en el haber. Es una cifra que habla de público fiel, de un título que encontró su público y de una actriz que, cada vez que pisa un escenario, parece volver a empezar de nuevo.

Si me preguntan a cuál de todas estas obras elegiría para recomendar, no lo pienso dos veces: Mamá, soy un idiota. Primero, porque me intriga todo lo que mezcle pensamiento y cuerpo en un mismo escenario. Segundo, porque cuando un espectáculo pequeño le gana la pulseada a una comedia con más funciones, algo está pasando en Buenos Aires que merece ser visto. Tercero, y esto es pura confesión personal, porque a mis años uno ya prefiere las propuestas que le dejan una pregunta dando vueltas en la cabeza antes que las que le cierran la noche con un chiste. Vayan, déjense tentar por el filósofo y la bailarina, y después me cuentan. Eso sí, vuelvan temprano a casa: la función sigue mucho después de que se baja el telón.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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