Hot Wheels Infinite Rush: la maqueta más grande del mundo se abre en cuatro islas para volver a la infancia sin pedir permiso
Milestone estrena un arcade de mundo abierto con más de 150 autos coleccionables, cuatro biomas destructibles y una conducción que apuesta por la libertad total. Lo recorre Osvaldo Duarte, con la nostalgia de las primeras pistas naranjas como telón de fondo.

Tengo todavía guardado en un cajón de la casa de mi madre el tramo de pista naranja que mi viejo me regaló cuando tenía siete años. Aquella curva cerrada, el saltito improvisado con dos rulemanes y un libro, fue durante meses la autopista más larga del universo. Por eso, cuando me senté a jugar Hot Wheels Infinite Rush, el nuevo título de Milestone, no pude evitar sentir que alguien había decidido tomar esa maqueta infinita que cada chico imagina en su cabeza y, por fin, convertirla en un mundo entero para recorrer a toda velocidad, sin que nadie me marcara el camino. La propuesta llega con una apuesta clara: dejar atrás las pistas cerradas que caracterizaron a la saga y abrir el juego a cuatro grandes islas temáticas, todas ellas dispuestas para que el jugador haga lo que le plazca al volante de los autos más famosos del planeta.
Cuatro islas, una sola sensación de libertad
El mapa se divide en Wheelswood, una urbe de rascacielos y tránsito que recuerda a cualquier ciudad costera de las que retratamos en esta sección cuando hablamos de infancia urbana; Tentacle Bay, un bioma costero con ecosistemas tan variados como una postal de la Patagonia mezclada con un acuario; Gearville, una zona industrial enclavada entre naves fabriles y dunas de desierto, donde el óxido parece pintado a propósito; y Drifty Temples, una región de inspiración oriental con pasos de montaña que parecen inventados para que el derrape sea obligatorio. En las cuatro, los árboles se parten, las luminarias vuelan por el aire y los vehículos civiles reaccionan al impacto como si fueran de verdad, lo que refuerza esa sensación de estar manejando sobre una maqueta interactiva a escala. Esa destrucción casi total del entorno es, a mi entender, uno de los grandes hallazgos del título: convierte cada carrera en un pequeño desastre controlable.
- Bólidos: priorizan la velocidad punta y recargan turbo en aceleración sostenida.
- Derrapadores: acumulan nitro al tomar curvas cerradas en derrape, ideales para los fanáticos del drifting.
- Equilibrados: generan energía con casi cualquier maniobra, la opción más cómoda para los recién llegados.
- Todoterreno Titanes: pensados para terreno irregular, con recarga automática de turbo y un comportamiento más cercano al buggy que al auto de pista.
Colección, personalización y vida útil
Para los coleccionistas, el catálogo supera los 150 vehículos, con prototipos de la propia marca y licencias de fabricantes reales, fichas históricas de cada modelo y un editor de pintura, rines e interiores que invita a pasar horas armando combinaciones. Los modos multijugador, tanto competitivos con ranking como cooperativos o casuales, y un editor de pistas personalizadas amplían la vida útil del título y lo vuelven, en la práctica, un patio de juegos digital para todas las edades.
En el plano técnico, el juego mantiene 60 fotogramas por segundo de forma estable, algo clave en un arcade de velocidad donde cada milésima cuenta. Hay asperezas: algunas texturas del entorno cargan con retraso y los tiempos de espera al reaparecer en la isla tras completar un evento rondan el minuto, lo cual corta el ritmo cuando uno se deja llevar por la ansiedad de probar el próximo auto. El sonido, en cambio, es un punto alto: el impacto metálico y plástico de los choques remite directamente al ruido de los autitos chocando contra la mesa del comedor, y eso, para alguien que creció entre pistas naranjas, vale oro.
Veredicto: para quién vale la pena subirse
Hot Wheels Infinite Rush no tiene campaña argumental y no la necesita: la propuesta es explorar y acelerar sin un hilo conductor formal, algo que funciona de maravillas en las primeras horas y que puede sentirse como una limitación a medida que avanza la partida, sobre todo para quienes buscan una historia que los guíe. Aun con esas luces y sombras, el juego encuentra su público entre los fans de la marca y entre quienes buscan acción sin complicaciones, sin tutoriales eternos ni decisiones morales. Mi recomendación personal es sencilla: si tenés hijos, sobrinos o, como yo, un cajón con pistas viejas esperando, este es el título ideal para volver a sentirse chico por un rato, con la diferencia de que ahora el autito no se cae detrás del placard ni aparece meses después, cubierto de polvo, debajo de la cama.
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