La bicicleta, el candado y la multa: cuando el supermercado tuvo que responder por lo que desapareció del estacionamiento
Un cliente neuquino ató su rodado, entró a comprar y al salir no encontró nada. La Justicia confirmó la sanción al comercio y dejó una señal clara para todos los que exhiben carteles de "no nos hacemos cargo".

Vuelvo de hacer las compras al supermercado y ya estoy con la llave en la mano, listo para soltar el candado de la bicicleta, cuando me doy cuenta de que el lugar donde la había dejado está vacío. Me quedo parado un momento, mirando el soporte como si la bici fuera a aparecer por arte de magia. No aparece. Esa sensación de vacío en el estómago, esa mezcla de bronca y de sentirse desnudo en la vereda, es exactamente la que vivió un cliente de Neuquén capital al que le robaron el rodado en la playa de estacionamiento de un supermercado. La diferencia es que él decidió no quedarse de brazos cruzados: fue a la Dirección Provincial de Protección al Consumidor, empujó el expediente y terminó marcando un precedente que hoy le sirve a cualquiera que haya pasado por lo mismo.
La historia que me interesa contar es la suya, porque antes de los números y de los fallos judiciales hay una persona que ató su bicicleta con candado, hizo las compras tranquilo y volvió a la nada. Cuando uno repasa el expediente, se encuentra con un dato que llama la atención: el damnificado había tomado todos los recaudos razonables. Dejó el rodado en el lugar destinado a ese fin dentro de la playa de estacionamiento del comercio y lo aseguró con candado. No lo había dejado en la calle ni a trescientos metros del súper. Hizo, en definitiva, lo que cualquier consumidor desprevenido haría un sábado a la mañana.
Lo que resolvió la Justicia
El organismo provincial imputó al supermercado por fallas de seguridad en sus propias instalaciones y le aplicó una multa equivalente a cinco canastas básicas alimentarias, un monto que ronda los 4 millones de pesos. El comercio ejerció su derecho de defensa en sede administrativa y, cuando no le dieron la razón, llevó el caso a la Justicia. El fallo judicial ratificó la sanción tal cual había sido dispuesta por la dirección provincial. Es decir: la multa quedó firme.
Ahora bien, lo más jugoso del asunto no es la plata de la sanción, sino el criterio que se aplicó para llegar a ese resultado, y que la propia Dirección Provincial de Protección al Consumidor se encarga de difundir para que no quede en un fallo aislado. La regla es simple de explicar y por eso me parece importante repetirla: quien habilita un estacionamiento para uso de sus clientes asume la responsabilidad de garantizar la seguridad en ese espacio. No es un favor, es parte de la oferta. Si el comercio decide sumar ese servicio a su propuesta, debe responder por lo que pase adentro.
- Los objetos personales que el consumidor lleva consigo dentro del local, como el celular o la cartera, quedan bajo su propia custodia.
- Los bienes que el cliente deja en el espacio de estacionamiento que el comercio pone a disposición están bajo la responsabilidad del establecimiento.
- Los carteles que dicen "no nos hacemos cargo por hurtos" no tienen valor legal y pueden inducir a confusión.
- Los comercios que persistan con esos avisos pueden recibir una infracción que derive en una multa adicional.
La multa, el costo y lo que viene
Hay un detalle que me parece casi irónico y que vale la pena subrayar: los 4 millones de pesos de la sanción superan lo que, en la mayoría de los casos, habría costado reponer la bicicleta. El mensaje que deja la resolución es que no se trata únicamente de compensar el bien perdido, sino de castigar una prestación deficiente del servicio. En paralelo, el damnificado mantiene abierta una causa en el fuero civil para reclamar el resarcimiento económico directo, y el expediente administrativo funciona como prueba preconstituida en ese proceso. O sea, lo que la Provincia hizo al confirmar la multa le sirve ahora como un antecedente serio en el reclamo por la bicicleta en sí.
Mientras tanto, a mí me queda dando vueltas una pregunta que también le hago a quien esté leyendo: ¿alguna vez te encontraste con un comercio que desconoció su responsabilidad ante un robo en su estacionamiento? Porque detrás de cada uno de estos expedientes hay siempre una misma escena: alguien que vuelve con las bolsas, mira el soporte vacío y se pregunta cómo puede ser que el lugar que le cobró por dejarlo termine diciéndole que el problema es suyo. La respuesta que acaba de dar la Justicia neuquina es bastante clara, y a mí, como consumidora habitual de estos locales, me deja un poco más tranquila la próxima vez que tenga que atar el candado.
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