La cuarta temporada de Ted Lasso recupera el conflicto interno de Nate con una aprendiz que amenaza con repetir la historia
Alice Chilton, la asistente del equipo femenino del Richmond, revive el camino que recorrió el ahora técnico rival, pero esta vez el entrenador a cargo de los Grisones parece haber aprendido de los errores del pasado y actúa antes de que la situación se vuelva irreversible dentro del club londinense.

Les cuento una cosa que me pasó hace ya un puñado de años, cuando todavía seguía de cerca al equipo de mi barrio y me creía un técnico sabio: una tarde, en el vestuario, un pibe joven al que yo había promovido desde las inferiores se me plantó delante y me dijo que yo no entendía nada, que él tenía que estar en la cancha y no en el banco, y que los demás eran unos inútiles. Me quedé callado, lo dejé seguir, pensé que con buena onda se iba a calmar. No se calmó. Al año siguiente se fue del club dejando a tres compañeros llorando en el vestuario. Por eso, mientras avanzaba la cuarta temporada de Ted Lasso, no pude evitar pensar en ese pibe cada vez que veía a Alice Chilton, la nueva incorporación del AFC Richmond, cruzar una línea que yo no había sabido cruzar a tiempo. La serie, creada por Jason Sudeikis, Bill Lawrence, Brendan Hunt y Joe Kelly, vuelve a poner sobre la mesa uno de sus conflictos más ricos, el del talento que se siente ninguneado y empieza a lastimar al grupo desde adentro, y lo hace con la ventaja de que esta vez el protagonista parece haber aprendido la lección que a mí me costó un par de años entender.
Quién es Alice Chilton y por qué recuerda a Nate Shelley
Chilton, interpretada por la actriz británica Tanya Reynolds, aparece en los primeros episodios de la cuarta entrega como entrenadora asistente del equipo femenino que Ted Lasso aceptó armar y conducir como parte de su acuerdo con el dueño del club, Rebecca Welton. En el arranque la serie insinuaba que su camino dentro del plantel podía parecerse al de Roy Kent, el ex capitán gruñón al que el entrenador supo domesticar con paciencia y humor. Sin embargo, el quinto episodio corre ese enfoque y la coloca en un lugar mucho más incómodo, casi espejado con el que transitó Nate Shelley, el hoy entrenador de un club rival al que Nick Mohammed supo darle capas inesperadas de ternura, inseguridad y, por qué no decirlo, una buena dosis de crueldad.
- El punto de partida es el mismo: talento reconocido, frustración acumulada y la sensación de no recibir la misma atención que sus pares dentro del grupo.
- La diferencia está en el detonante: mientras Nate se sentía ignorado por Ted y por sus compañeros, Chilton se enoja porque las jugadoras están más interesadas en la vida personal del entrenador que en su trabajo como asistente.
- Las dos historias comparten un punto de quiebre en un entrenamiento, cuando la frustración se vuelve agresividad hacia quienes tienen menos poder dentro del grupo.
- Chilton tiene además un pasado con Gemma, la jugadora interpretada por Abbie Hern, que llegó a alejarse del fútbol por las críticas de la asistente y cuyo recuerdo pesa sobre cómo el equipo lee cada reacción suya.
El paralelo con Nate es casi explícito y la propia serie se encarga de subrayarlo. Shelley pasó de encargado del material a entrenador asistente gracias a la confianza de Ted, y esa confianza se transformó en resentimiento cuando empezó a sentirse invisible. Su inseguridad derivó en arrogancia y en gestos de una crueldad innecesaria, sobre todo hacia quienes menos poder tenían dentro del plantel. La tercera temporada intentó cerrar su arco con una redención que a mí, como espectador, me dejó gusto a poco, una sensación rara, como cuando un amigo te pide disculpas y sabés que lo hace más por él que por vos. Lo concreto es que Nate terminó yéndose a dirigir a un club rival y que, mientras tanto, Richmond aprendió a cuidarse de los Nathes que pudiera cosechar en el futuro.
La lección que esta vez sí parece haber aprendido Ted Lasso
Lo que cambia en esta cuarta temporada no es la aparición del conflicto, que ya estaba anunciada desde el arranque, sino la respuesta del personaje principal. En lugar de esperar a que el daño sea irreparable, como pasó en su momento con Shelley, Ted decide suspender a Chilton durante un partido en cuanto detecta que su comportamiento empieza a perjudicar al grupo. Es una decisión que contrasta con el Ted más permisivo de las primeras entregas, ese entrenador queaba dar siempre una oportunidad más, y que la serie presenta como madurez antes que como contradicción: ayudar a las personas ya no significa tolerar que lastimen a otras. En otras palabras, el Lasso de 2026 entiende por fin que la confianza sin límites es, muchas veces, la mejor manera de romperle el lomo a alguien.
“Ayudar a las personas ya no significa tolerar que lastimen a otras.”Lección que la serie le hace aprender a Ted Lasso en la cuarta temporada
Todavía quedan capítulos por delante y la temporada tiene tiempo para definir hacia dónde va Chilton, si hacia la redención de Nate o hacia un destino más áspero. Lo que ya está claro es que Ted Lasso eligió no mirar para otro lado esta vez y que esa decisión, por más antipática que resulte en el corto plazo, le sienta mucho mejor al personaje y, me animo a decir, a la serie entera. Si todavía no se engancharon, aprovechen el fin de semana, busquen los primeros capítulos en la plataforma donde se emite y dense el gusto de ver a un tipo bueno aprendiendo, por fin, a poner límites sin perder la ternura que lo hace único. Y si ya vienen siguiendo la serie, mi recomendación personal es que miren el quinto episodio con la misma atención con la que uno mira un penal sobre la hora: ahí se juega, literalmente, el corazón de esta temporada.
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