La nueva entrega de Lioness: entre Donetsk, un rapto y la sombra larga del espionaje
La tercera temporada de Operaciones especiales: Lioness llega con una misión en territorio ruso y un secuestro que sacude al equipo encabezado por Zoe Saldaña y Nicole Kidman. Una propuesta de Taylor Sheridan que vuelve a mezclar infiltraciones, despachos y dilemas morales.

Confieso que la primera vez que escuché el nombre de Donetsk fue en un viejo de mi padre, y ni siquiera recordaba bien de qué se trataba. Por eso, cuando me crucé con esta tercera temporada de Operaciones especiales: Lioness, sentí que la ficción me devolvía esa palabra con otra densidad, con otro peso, con otra urgencia. La serie de Taylor Sheridan vuelve a apoyarse en Zoe Saldaña y Nicole Kidman para sostener un relato que empieza con un sacudón y después, recién después, empieza a explicarse.
Dos tiempos para una misma historia
La temporada se organiza como una novela con la cronología desarmada. Arranca con el personaje de Saldaña secuestrado por fuerzas rusas y, a partir de ahí, retrocede para mostrar qué pasó antes. En ese ida y vuelta aparece la misión que lo originó todo: la CIA envía al equipo Lioness a Donetsk con el objetivo de localizar a un integrante del servicio secreto ruso. Esa operación, sus preparativos y sus consecuencias funcionan como el ADN de la entrega.
- Secuestro del personaje de Zoe Saldaña como punto de partida narrativo.
- Misión previa en Donetsk para identificar a un agente del espionaje ruso.
- Acciones de campo combinadas con conversaciones en despachos.
- Presencia de Nicole Kidman en el vértigo de las decisiones estratégicas.
- Disponible en SkyShowtime, sin detalle sobre su llegada a la Argentina.
Lo que más me gusta, como espectador, es que Sheridan no se queda solo en las corridas y los disparos. Hay infiltraciones, sí, pero también reuniones donde se decide quién entra, quién se queda y quién paga el costo. Esa cocina de la decisión es la que le da a Lioness su textura de thriller serio, lejos del espectáculo hueco.
Saldaña y Kidman, dos polos de una misma tensión
Saldaña, a quien en estas páginas siempre le digo Zoe, carga con el peso físico del operativo y con la fragilidad que deja un rapto. Kidman, mientras tanto, encarna esa frialdad necesaria para mandar al frente a otros sin perder la compostura. Las dos actrices se complementan como cara y contracara de la misma moneda, y la temporada las necesita a las dos para funcionar.
Mi recomendación, si se animan a verla, es no leer demasiado antes de empezar. Dense el gusto de dejarse llevar por los primeros minutos y por esa escena inicial que ya marca el tono. Después, cuando llegue la misión a Donetsk, van a entender por qué este estreno no es uno más en la larga lista de series de espías.
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