La sombra del cómico: un documental revive la guerra entre Chiquito y Lucas Grijander
Florentina Fernández y Pepe Navarro encabezan los testimonios de «El otro Chiquito», una película que repasa la carrera del humorista español y el juicio por el personaje que lo imitó en la televisión.

Corría mediados de los años noventa y, en los bares del centro de Buenos Aires, todavía era frecuente escuchar a algún parroquiano imitar a un señor de Málaga con ojos desorbitados que decía «¡puede ser que sí, puede ser que no, pero lo que no puede ser es que no!» mientras cruzaba las piernas como si fueran de trapel. Aquel hombre era Chiquito de la Calzada, un cómico que llegó a la televisión española ya entrado en años y terminó convertido en un fenómeno cultural que atravesó fronteras. Ahora, décadas después, su figura vuelve al centro de la escena con un documental que lleva por título «El otro Chiquito», una idea original del guionista Diego San José que reconstruye, a la vez, el ascenso del humorista y la disputa judicial que mantuvo con quienes, según su denuncia, se habían apropiado de sus gestos más reconocibles.
De las colonias de verano a los platós de Madrid
Antes de convertirse en un rostro habitual de la pantalla, Chiquito de la Calzada —al que cariñosamente llamaban «Chiquito» y, en el mundillo del espectáculo, simplemente «el maestro»— había recorrido los escenarios más modestos del circuito español. La película dedica sus primeros tramos a esa etapa fundacional: el aprendizaje en compañías de varietés, los chistes improvisados, el particular vocabulario que fue construyendo con palabras como «cacharrito», «fistro» o «pepenadores», y unos movimientos que parecían arrancados del cuerpo de un payaso de circo. Esa combinación de frases absurdas y una fisicalidad desaforada es, para los realizadores, la clave de un humor que todavía hoy se recuerda como una rareza dentro de la comedia ibérica.
El documental entrelaza ese recorrido con el origen de Lucas Grijander, el «otro Chiquito» que da nombre al filme. El personaje fue interpretado por Florentino Fernandez dentro del programa «Esta noche cruzamos el Mississippi», conducido por Pepe Navarro, y tomaba como materia prima el repertorio de gestos, muletillas y tics del humorista malagueño. Con el tiempo, Lucas Grijander dejó de ser un simple cuadro de humor y se transformó en un personaje con vida propia: giró por teatros de toda España junto al grupo «Lucas y sus janders» e incluso generó merchandising con su imagen, una cuestión que terminó siendo central en el conflicto judicial.
El juicio como espejo de un debate más amplio
El conflicto legal que mantuvo Chiquito contra quienes estaban detrás de Lucas Grijander —incluido el propio Florentino Fernandez— funciona como el corazón narrativo del filme. Para la producción, la cuestión excede lo meramente judicial y abre preguntas que siguen vigentes: ¿dónde termina la imitación humorística y dónde empieza la apropiación comercial de una identidad artística? ¿Puede un personaje inspirado en otro explotar rasgos muy reconocibles sin pagar los derechos correspondientes? El documental no pretende zanjar ese debate, pero lo expone con una crudeza que invita a la reflexión.
- Florentino Fernandez y Pepe Navarro: el primero, intérprete de Lucas Grijander; el segundo, conductor del programa donde nació el personaje.
- Manuel Jabois, Ramón García y Juan Y Medio: periodistas y comunicadores que aportan mirada sobre la televisión de la época.
- Celia Villalobos y Mario Conde: voces que, desde fuera del mundo del espectáculo, suman contexto al caso y al personaje.
- Recreaciones dramatizadas: fragmentos que ilustran momentos clave del ascenso de Chiquito y del conflicto judicial.
“El documental entiende que la imitación, cuando se convierte en marca y en negocio, deja de ser un homenaje para transformarse en otra cosa, y ese desplazamiento es el que la película quiere mostrar sin simplisticar.”Producción de «El otro Chiquito»
Una recomendación desde el otro lado del océano
Si me preguntan a mí, Osvaldo Duarte, qué tiene para ofrecer este documental, les diría que vale la pena acercarse aunque no se haya seguido paso a paso la carrera de Chiquito. La película funciona como una puerta de entrada amable a un humor que, visto en perspectiva, parece más moderno de lo que muchos sospechaban: hay algo muy actual en esos juegos con el lenguaje y en ese cuerpo que parece desobedecer las leyes de la gravedad. Pero, sobre todo, «El otro Chiquito» es una película para pensar el lugar del humorista en una industria que suele comerse a sus protagonistas, y para recordar a un hombre que supo hacer reír sin levantar la voz. A los lectores de este portal les sugiero buscar el documental cuando llegue a las plataformas y sentarse a verlo con tiempo: la sonrisa, se los aseguro, llega sola.
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