Veinte años después, una heroína que aprendía a no volver: vuelve La chica que saltaba a través del tiempo
Los cines Verdi de Madrid y Barcelona proyectan una función única de la película de Mamoru Hosoda, en versión original subtitulada, como parte del ciclo Anime Day y a dos décadas de su estreno en Japón.

Tengo que confesar que la primera vez que vi La chica que saltaba a través del tiempo fue en un DVD prestado, en una tarde de domingo de mediados de los dos mil, y que salí de esa experiencia con la sensación de que alguien había entendido algo muy preciso sobre la adolescencia que las películas occidentales de parecían evitar: que crecer duele, y todavía de un modo que no tiene arreglo fácil. Por eso, cuando me llegó a la mesa de trabajo la noticia de que el filme de Mamoru Hosoda regresaba a las salas españolas, no pude menos que detenerme a pensar en lo raro y a la vez hermoso que resulta que una historia así, pensada en 2006 para adolescentes japoneses, siga encontrando público dos décadas después, en ciudades tan lejanas de Tokio como Madrid y Barcelona, y en un contexto de exhibición tan distinto al de aquellos años en que el anime empezaba a asomarse, con timidez todavía, a las carteleras europeas.
Una función única, una sala histórica
La proyección está prevista para el viernes 2 de octubre de 2026, a las 22:30, en los Cines Verdi de Madrid y Barcelona, en el marco del ciclo Anime Day que esas salas vienen desarrollando desde 2026. Se trata de una única sesión por ciudad, en idioma original con subtítulos, y las entradas ya se encuentran disponibles a través de la web de los cines. La distribuidora Selecta Visión vuelve a llevar así el filme a la pantalla grande con motivo de los veinte años de su estreno en Japón, ocurrido en 2006.
Para quienes, como quien esto firma, crecieron viendo cine en versión original en esos mismos Verdi, la noticia tiene algo de reconfortante: el tiempo pasó, las salas se reconvirtieron, las plataformas se multiplicaron, y sin embargo todavía hay programadores que se animan a sostener un ciclo entero alrededor de la animación japonesa, y a arriesgar funciones de un filme que, en otra lógica de mercado, ya tendría su lugar asegurado en un catálogo de streaming. Por eso celebro la decisión, y por eso recomiendo, con el convencimiento de quien ya vio la película más veces de las que admitiría en público, no dejar pasar la oportunidad.
Hosoda, el tiempo y una chica muy humana
Dirigida por Mamoru Hosoda y animada por el estudio Madhouse, la película cruza la ciencia ficción con el drama romántico adolescente, y lo hace con una delicadeza que sigue resultando atípica. Su punto de partida es el descubrimiento de una habilidad extraordinaria: una chica puede retroceder en el tiempo y repetir situaciones de su vida cotidiana. Al principio, aprovecha ese poder para resolver pequeños problemas: repetir un examen, evitar un traspié, recuperar una respuesta que se le escapó en una conversación. Volver sobre un mismo día le permite modificar lo ocurrido y buscar otro resultado, como si la rutina fuese un ensayo que admite otra toma.
Pero esa posibilidad tiene un límite, y cuando la protagonista lo descubre, el cuento se vuelve otra cosa. Los saltos temporales no son infinitos, y la historia empieza a ocuparse de lo que sucede cuando una intenta emplearlos para ayudar a las personas que la rodean, y no solo para salvarse a sí misma. Ahí, en ese umbral, aparecen los vínculos que la película realmente le importa mostrar: los afectos, los amigos, las primeras veces, las decisiones que no se pueden deshacer, y la responsabilidad por las propias acciones. Es ahí donde el filme se separa del truco y se convierte, veinte años después, en un espejo todavía vigente para cualquier lector que haya tenido la sospecha, alguna tarde, de que volver atrás no resuelve nada.
Un director que ya avisaba quién era
Conviene recordar, para dimensionar el regreso, de dónde venía Hosoda cuando firmó este trabajo. El director había pasado por series tan populares como Digimon, One Piece y Samurai Champloo, y La chica que saltaba a través del tiempo ocupa un lugar destacado en su recorrido como director de largometrajes de anime: es la película que lo confirmó como autor, y que reúne, de un modo particularmente nítido, los elementos que el cine de animación japonés pone en juego en esta función aniversario, a saber, animación, ciencia ficción y una historia centrada en los afectos. Verla otra vez en sala, después de tantos años, permite apreciar detalles que el formato hogareño tiende a borrar: el ritmo de los silencios, la manera en que el dibujo respira en las escenas cotidianas, el peso exacto de las pausas.
Me permito entonces una recomendación personal, de las que este oficio todavía permite hacer: si la agenda lo permite, reserven una butaca en los Verdi para esa función del viernes 2 de octubre a las 22:30, lleguen con tiempo, busquen un buen lugar, y dispónganse a recordar que algunas historias no envejecen, simplemente cambian de público. Y si alguien me pide un deseo, le pediría que, después de la función, se quede unos minutos en la sala, mientras suben las luces, y se permita pensar en cuál es ese día que, si pudiera, volvería a vivir una sola vez más. La película, con su humor y su melancolía, ya habrá hecho el resto.
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