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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Los huérfanos del 11-S cuentan su propia historia en un documental que duele de cerca

A un cuarto de siglo de la caída de las Torres Gemelas, la plataforma de streaming presenta un trabajo que sigue los pasos de los hijos de las víctimas y de los jóvenes que crecieron bajo el peso de la guerra que vino después.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Los huérfanos del 11-S cuentan su propia historia en un documental que duele de cerca

Confieso que aquella mañana de septiembre yo estaba en una redacción del conurbano bonaerense, con una radio portátil pegada a la oreja, tratando de entender cómo era posible que dos aviones comerciales terminaran convertidos en proyectiles contra un edificio en el corazón de Manhattan, y todavía recuerdo el silencio raro que se hizo en la sala cuando un cronista desde Nueva York describió la primera torre derrumbándose en cámara. Eran las imágenes que, pocos minutos después, se volvieron un símbolo planetario y que para los pibes norteamericanos de entonces, muchos de ellos con menos de cinco años, se transformaron en una herencia que ni siquiera sabían que les había tocado en suerte, porque no estaban en condiciones de entender la magnitud de lo que se les venía encima mientras sus padres salían a trabajar como cualquier día y no volvían nunca más.

Veinticinco años más tarde, con esa herida todavía abierta en muchísimas familias, la plataforma de streaming Netflix acaba de estrenar Turning Point: Generation 9/11, un documental de una hora y treinta y nueve minutos que se anima a poner la cámara muy cerca de esos chicos que el 11 de septiembre de 2001 todavía no habían aprendido a leer y que hoy, ya convertidos en adultos jóvenes, reconstruyen en primera persona cómo fue crecer sin una madre o un padre que esa mañana fue a la oficina en las Torres Gemelas, o al Pentágono, o tomó el Vuelo 93 con destino a San Francisco, ese avión que terminó estrellándose en un campo de Pensilvania porque un puñado de pasajeros decidió enfrentar a los secuestradores para salvar a otros, aunque ellos ya no pudieran volver a casa.

Una generación marcada desde la cuna

La producción, dirigida por Brian Knappenberger, se inscribe dentro de una serie más amplia que el realizador viene construyendo desde hace varios años sobre momentos bisagra del siglo XXI, y en este caso se concentra en lo que sus propios protagonistas definen como la generación del 9/11, esa camada de niños y niñas que perdieron a sus padres en los atentados coordinados por Al-Qaeda y que el país, de alguna manera, fue dejando crecer entre vigilias anuales, discursos presidenciales y un patriotismo que muchas veces no pudieron procesar del todo. La narración no se queda en el llanto fácil ni en el golpe bajo emocional, sino que avanza con paciencia, escucha y mucho respeto sobre las trayectorias de hijos que tenían unos pocos meses cuando ocurrió todo y que hoy cuentan cómo fue armar su identidad sobre la ausencia, mientras al mismo tiempo la cinta recoge los testimonios de jóvenes afganos que eran chicos cuando Estados Unidos invadió su país después de los atentados y de marines norteamericanos que fueron a esa misma guerra cuando todavía eran casi adolescentes.

“No solo lo que significó el terrorismo y lo aterrador que resultó, sino también cómo las decisiones tomadas en los días, semanas y años posteriores nos transformaron como país.”Brian Knappenberger, director

El propio Knappenberger lo explica con una frase que a mí, personalmente, me pareció de las más lúcidas que escuché en lo que va del año: para el director, lo verdaderamente profundo del documental no es solamente mostrar el terror del ataque en sí, que eso ya lo vimos decenas de veces en otros formatos, sino entender qué les pasó a esos chicos que perdieron a sus padres y a esos países enteros que se reconfiguraron a partir de las decisiones políticas que vinieron inmediatamente después, incluyendo la invasión a Irak y la larga guerra en Afganistán, que terminó con una retirada estadounidense caótica en 2021 que también dejó a esos jóvenes afganos y a esos ex marines contando, todavía hoy, las consecuencias de lo que ellos vivieron como soldados o como civiles en un lugar que nunca eligieron.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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