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Los primeros 90 días con antipsicóticos: cuando el cuerpo empieza a avisar antes que el ánimo

Un estudio con casi 97.000 pacientes en Inglaterra demostró que el azúcar en sangre y el peso se disparan durante el trimestre inicial del tratamiento. Los especialistas recomiendan controles metabólicos antes de empezar a tomar la medicación y un seguimiento estricto en ese período crítico.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Los primeros 90 días con antipsicóticos: cuando el cuerpo empieza a avisar antes que el ánimo

Soy Soledad Da Silva y me toca contarles una historia que empieza en un consultorio, con alguien que recién recibe una receta en la mano y todavía no termina de procesar el diagnóstico. Esa persona sale a la calle con una indicación de antipsicóticos de segunda generación, vuelve a su casa, organiza las pastillas en el pastillero y empieza un camino que, según acaba de demostrar la ciencia, tiene una curva muy pronunciada en los primeros noventa días: es el tramo donde el cuerpo empieza a cambiar mucho más rápido de lo que nadie le había advertido, y donde conviene estar atentos porque esos cambios, si no se miran a tiempo, pueden terminar instalándose para siempre.

La investigación, publicada el 14 de octubre en la revista The Lancet Psychiatry, analizó datos de adultos que empezaron a tomar olanzapina, quetiapina, risperidona o aripiprazol en Inglaterra entre 2000 y 2023. En total, los autores siguieron a cerca de 97.000 personas y compararon cómo venían sus valores de azúcar en sangre y su peso antes de la medicación y cómo evolucionaron después. La conclusión es tan concreta como incómoda: durante los primeros tres meses, el azúcar subió aproximadamente catorce veces más rápido y el peso unas nueve veces más rápido que en el período previo al tratamiento.

La olanzapina, la que más empuja la aguja

No todos los fármacos se comportan igual. De los cuatro medicamentos analizados, la olanzapina fue la que mostró los cambios más pronunciados: en los primeros noventa días, el azúcar en sangre creció unas cincuenta veces más rápido y el peso unas diez veces más rápido que en la etapa anterior al tratamiento. La quetiapina, la risperidona y el aripiprazol también aceleraron las curvas metabólicas, aunque de manera menos marcada. La diferencia no es menor: significa que el médico tiene herramientas para elegir, dentro del mismo grupo de drogas, aquella que mejor equilibre el beneficio psiquiátrico y el riesgo físico de cada paciente.

  • Antes de empezar: controlar peso, glucemia y, si se puede, un perfil lipídico completo.
  • En el primer mes: volver a medir peso y glucemia en ayunas para tener una línea de base propia.
  • A los tres meses: repetir los controles y revisar qué pasó con la cintura, la presión arterial y el colesterol.
  • A los seis meses y al año: sostener el seguimiento aunque los análisis iniciales hayan dado bien, porque la pendiente puede aparecer más tarde.
  • Siempre: registrar los cambios y avisarle al equipo de salud, porque la detección temprana es la que marca la diferencia.

El riesgo tampoco se reparte de manera pareja entre los pacientes. Las personas que ya tenían prediabetes al comenzar el tratamiento desarrollaron diabetes tipo 2 en un 19 por ciento de los casos dentro de los dos años siguientes, frente a apenas un 3 por ciento de quienes partían con niveles normales de glucosa. Es decir, quien llega a la consulta con el azúcar un poco alta juega un partido con desventaja, y esa desventaja se traduce en casi seis veces más chances de terminar con un diagnóstico nuevo de diabetes en apenas dos años. Las mujeres, además, mostraron una pendiente propia: su azúcar en sangre subió unas veinticuatro veces más rápido durante los primeros noventa días, contra unas diez veces en los hombres, lo que refuerza la idea de que el control tiene que ser personalizado y noiarse en protocolos genéricos.

“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en la mano, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London

El propio Bazo-Alvarez completó la idea con un razonamiento que parece obvio pero que en la práctica se olvida seguido. "Al verificar de manera temprana, los médicos pueden detectar problemas antes y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante", dijo. La frase suena a manual, pero esconde el corazón del asunto: la detección temprana no es un trámite, es la diferencia entre una intervención a tiempo y una diabetes instalada, con todo lo que eso implica para alguien que, además, está transitando un cuadro de salud mental complejo.

Para terminar, vuelvo a aquella persona del consultorio que les contaba al principio. Si está leyendo esta nota y acaba de empezar un tratamiento, o si conoce a alguien en esa situación, el mensaje es uno solo y conviene repetirlo: no alcanza con tomar la pastilla y esperar a que el ánimo se acomode. Hay que pedir un análisis de sangre antes, volver a hacérselo al mes y a los tres meses, y anotar en una libreta el peso y la cintura. Los datos de este estudio no hacen más que confirmar algo que muchas familias ya intuían en silencio: que la medicación que ayuda a la cabeza puede sacudirle el cuerpo, y que la mejor defensa es mirarlo de frente, con el médico al lado, antes de que el problema se vuelva otra enfermedad crónica. Como siempre digo en esta columna, cuidarse no es un lujo: es la manera de llegar entero a los próximos controles.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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