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Luis Scola y la noche en que se le plantó a Brasil: 37 puntos que todavía nadie toca

Fue hace dieciséis años en Turquía, en un estadio con el aire espeso y un Gregg Popovich huyendo de su propia equivocación. La mejor actuación de un argentino en un Mundial sigue esperando heredero.

DV
Diego VillalbaDeportes · · 3 min de lectura
Luis Scola y la noche en que se le plantó a Brasil: 37 puntos que todavía nadie toca

Arrancamos la columna con el relato radial de siempre, como si estuviéramos con la radio a todo volumen y la térmica a punto de caramelo: siete de septiembre de 2010, Estambul, humedad que se pega como segunda camiseta, y un Luis Scola decidido a romper la noche en dos. Brasil enfrente, el estadio Sinan Erdem como un sauna y un número 4 argentino que se cansó de ser compañero amable y se puso el equipo al hombro.

Aquella noche fue el Luifa en su versión más letal. Veintisiete puntos en los primeros dos cuartos, un ida y vuelta con Prigioni que parecía jugada de patio de colegio y un cuerpo a cuerpo con Varejao y Splitter que terminó inclinando la balanza. Resultado final: 93 a 89 para Argentina, con un cierre de diez puntos consecutivos del propio Scola en los últimos tres minutos. Apenas un minuto en el banco durante todo el partido. Cuando el aire no te alcanza y la carga emocional te pesa, a veces el cuerpo se aferra a la pelota como si fuera lo único conocido.

El récord que no se animó nadie

Los 37 puntos de Scola en un Mundial siguen siendo la marca más alta para un argentino en la máxima competencia. No es un número de relleno: es la diferencia entre un partido correcto y uno que se recuerda para siempre. Y acá viene la pregunta incómoda: ¿alguien de la nueva camada tiene con qué alcanzar esa cifra? La respuesta, por ahora, es no.

Lo dijo Rubén Magnano después del partido, cuando todavía transpiraba la dirección técnica de Brasil y se acordaba de cada jugada que había padecido desde el banco contrario. Lo cito textual porque no hace falta adornarlo.

“De 10 posesiones, iba a tomar ocho. Así y todo, convertía.”Rubén Magnano

Y lo reconoció el propio Scola, con la voz todavía cruzada por el final del partido, pensando en sus hijos que le pedían que volviera a casa. También textual, porque la frase lo dice todo.

“Ellos no saben que este fue uno de los partidos más emocionantes que me tocó jugar. Algún día alguien les contará.”Luis Scola

Popovich, el testigo que se quiso ir antes

En la tribuna, unos metros más arriba, Gregg Popovich masticaba bronca. Los Spurs habían drafteado a Scola y nunca lo habían firmado. La noche en que el pibe de Pujato les pasó por encima en un escenario mundial, el entrenador de San Antonio se levantó antes del final, pidió permiso y se fue del estadio. Según recoge el libro El Abanderado, Popovich no dejaba de murmurar en el pasillo: no puedo creer que cambiamos a este jugador. A veces el scouting te deja afuera de tu propia fiesta.

Pasaron dieciséis años y la cifra sigue ahí, esperando. Argentina juega la próxima fecha como visitante en una cancha que todavía no está definida por la etapa del torneo, y este servidor, Diego Villalba desde la sección Deportes, se queda con la sensación de que aquel Scola contra Brasil fue uno de esos partidos que explican por qué este deporte a veces parece escrito por manos que no son las nuestras.

DV
Diego VillalbaDeportes

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