Mario Boskis advierte que los vínculos y un propósito diario pesan tanto como el calendario en la vejez
El cardiólogo repasó las claves para envejecer con bienestar: mantener amistades, conservar ocupaciones y reforzar los cuidados frente a las infecciones respiratorias que llegan con el frío.

Son las ocho de la mañana y el café ya humea sobre la mesa. Doña Haydeé, de 78 años, acomoda la bufanda, se prueba el abrigo y sale rumbo al taller de costura del barrio, como cada martes desde hace más de una década. Antes de cruzar la puerta, su hija le recuerda que se abrigue bien y que lleve el barbijo en el bolso, por las dudas. Esa rutina, tan simple como parece, es exactamente el tipo de hábitos que el cardiólogo Mario Boskis describe como aliados de una vejez larga y con buen pasar: tener a quién ver, algo quehacer y la prevención al alcance de la mano.
El especialista dialogó con este portal sobre un concepto que él considera central: el propósito de vida. Lo vinculó con el ikigai, esa palabra japonesa que condensa la sensación de que cada día tiene un motivo para empezar. Boskis sostuvo que conservar ocupaciones, mantener amistades y seguir hablando con la familia ayuda a evitar el aislamiento, uno de los factores que más pesa sobre la salud de los adultos mayores. Aclaró, eso sí, que la posibilidad de sostener cada actividad depende de lo que permita el cuerpo, y que la edad por sí sola no debería obligar a abandonar aquello que genera bienestar.
Los cuidados que viajan con el invierno
A ese universo de vínculos y actividad se le suman, según Boskis, las precauciones frente a las infecciones respiratorias, que en los meses fríos encuentran un terreno fértil. La combinación de virus circulando y más horas compartidas en ambientes cerrados aumenta las chances de contagio, y por eso el médico propuso una serie de gestos cotidianos que, insistió, pueden marcar diferencia.
- Usar barbijo ante cualquier síntoma respiratorio, para cuidar a los demás y reducir la transmisión.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al trabajo y antes de comer, ya que muchas bacterias y virus pasan de las superficies a la boca o la nariz.
- Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas disponibles, porque la indicación depende de los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona.
- Tener presente la vacuna antigripal anual y las que protegen frente a la neumonía y al virus sincicial respiratorio.
Boskis también aclaró un punto que suele generar confusión: una infección no aparece sólo por el frío. Para enfermarse hace falta un virus o una bacteria. Lo que sí puede hacer el invierno es enlentecer el movimiento de las cilias, esos filamentos diminutos que barren secreciones de las vías respiratorias, y así complicar uno de los mecanismos naturales de defensa del cuerpo.
Entre mate y mate, mientras converso con vecinas y vecinos del barrio, vuelvo a lo que dijo Boskis y lo encuentro con una verdad de Perogrullo: envejecer bien no es solamente esquivar la gripe, sino tener razones para salir de casa. En esta nota, él puso números y ciencia a esa intuición que muchas personas mayores ya conocen de memoria. Yo, que cada semana escucho historias parecidas a la de Doña Haydeé, me quedo con esa idea: la longevidad se construye con lazos tanto como con remedios, y el propósito diario es, en definitiva, la mejor de las prevenciones. Por eso, antes de que termine el invierno, vale la pena revisar si tenemos a quién llamar, adónde ir y qué nos falta para anotarnos en esa vacuna que el médico de cabecera viene recomendándonos desde hace tiempo.
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