Mike Amigorena se calza el delantal y toma la posta que dejó L-Gante en MasterChef Celebrity
El actor es el último confirmado en el reality de cocina tras la baja del cantante. Cuenta cómo se cocina en casa, dónde están sus debilidades y qué espera del jurado.

A fines de los años noventa, cuando todavía no existían los realities tal como los conocemos hoy y los argentinos descubríamos la cocina por televisión mirando a figuras como Choly Berreteaga o Christophe Krywonis en programas de cable, pocos imaginaban que un ciclo así que terminaría siendo una fábrica de estrellas pop. Mucho menos que un pibe que creció entre telenovelas y comedias de Pol-ka terminaría reemplazando al referente de la movida urbana más convocante del momento. Pero acá estamos: Mike Amigorena, el actor al que muchos recuerdan por sus papeles en tiras diarias y por su paso por la actuación con la frescura que lo caracteriza, aceptó ser el último participante confirmado en la nueva edición de MasterChef Celebrity y tomó el lugar que dejó Elián Valenzuela, conocido como L-Gante, cuya salida del programa fue confirmada el 14 de septiembre.
De la cocina de amigos al reloj del jurado
Conversando con la producción del ciclo, el propio Amigorena fue quien mejor explicó el salto que deberá dar: “Es un gran desafío para mí porque no es lo mismo cocinar con todo el tiempo del mundo para amigos que cocinar en una hora para un jurado”, resumió, y agregó que hasta ahora su relación con la gastronomía estuvo siempre ligada al círculo íntimo, con tiempos flexibles y sin la presión de un cronómetro televisivo.
Esa diferencia, que parece menor y sin embargo define el ADN del formato, es la que el actor deberá aprender a administrar en cada emisión. Cocinar para personas cercanas es un acto de entrega y de mimo personal, donde el comensal come con el plato servido en la mesa familiar, mientras que hacerlo en una hora frente a cámaras y con un jurado que evalúa al detalle implica otra lógica, casi deportiva, donde cada minuto cuenta y donde la prolijidad, la temperatura y la presentación pesan tanto como el sabor.
Lo que sabe, lo que le falta y lo que quiere aprender
Amigorena, a quien conozco desde hace años por su paso por distintas producciones y por su relación siempre afectuosa con colegas de distintas generaciones, fue claro a la hora de marcar sus límites en la cocina: “Tengo mucha afinidad con la cocina, pero bueno, no soy cocinero”, reconoció con sinceridad, y al mismo tiempo dejó ver que la humildad no le impide saber lo que tiene entre manos.
- Pescados, una de sus especialidades y probablemente su punto de partida más firme dentro del programa.
- Guisos y cazuelas, platos donde el trabajo lento de olla encuentra su mejor expresión.
- Salsas, donde admite sentirse cómodo y con margen creativo.
Y sobre lo que siente que todavía le falta, no dudó en marcarlo: “Estoy dispuesto a aprender pastelería, que es lo que menos hice”, confesó, dejando en claro que la repostería será su terreno de crecimiento en las próximas emisiones. Para cualquiera que haya pasado por la experiencia de intentar un milhojas o un soufflé sabe lo que significa esa confesión: es admitir que se entra al reality también para aprender, no solamente para lucirse.
Vínculos, compañía y la mirada sobre el jurado
Otro punto que destacó el actor es el de los compañeros de grabación. “Quiero mucho a varios participantes, así que no queda más que ponerle el cuerpo y las ganas para entretener”, expresó, dejando entrever que el grupo ya tiene lazos previos y que la convivencia dentro del programa será una mezcla de competencia sana y de reencuentros.
Sobre el jurado, por ahora, se mueve entre la prudencia y la confianza en el saber ajeno. Reconoció que todavía no tiene precisiones sobre cómo será la dinámica con quienes lo evaluarán, aunque dejó una frase que resume su disposición: “Pero bueno, saben y habrá que conquistarlos”. Es la mirada del competidor consciente de que llega como debutante absoluto en la televisión gastronómica y que, al mismo tiempo, confía en su propio recorrido de vida para plantarse frente a cualquier autoridad sin achicarse.
En lo personal, y se lo digo a quien lea esta nota, me quedo con ganas de ver a Mike Amigorena, a quien cariñosamente muchos en el ambiente llaman por su nombre artístico y otros por su nombre de pila, debutar con alguna preparación de las que él mismo enumeró. Si me preguntan qué le recomiendo para el primer envío, mi sugerencia personal como espectador es la siguiente: arrancar con un guiso de mariscos bien profundo de sabor, donde la cocción larga le juegue a favor y le permita mostrarse cómodo en lo que sabe, para después animarse a la pastelería en una segunda o tercera emisión, cuando ya tenga el ritmo del programa incorporado y haya medido cuánto margen de le da cada reloj. Esa, creo, sería la mejor manera de honrar la cocina de amigos que él mismo reivindica y, al mismo tiempo, comenzar el aprendizaje que se propuso en pantalla.
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