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Ratas y ratones en casa: dónde se cuelan, por qué no alcanza con tapar el agujero y cómo limpiar los rastros sin enfermarse

Un responsable técnico de una empresa de control de plagas advierte que la espuma de poliuretano sola no sirve como barrera, repasa los errores domésticos que abren la puerta a una infestación y describe el procedimiento seguro para retirar excrementos sin levantar polvo contaminado.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 5 min de lectura
Ratas y ratones en casa: dónde se cuelan, por qué no alcanza con tapar el agujero y cómo limpiar los rastros sin enfermarse

Vuelvo de la cocina con el mate en la mano y la gata echada a mis pies, y todavía me acuerdo de la primera vez que encontré un excremento de ratón detrás del tacho de la basura. Era chiquito, oscuro, seco, y yo lo barrí con la mano como si fuera una cáscara de maní. Hoy, después de leer con detalle lo que explica un responsable técnico de una empresa argentina de control de plagas, entiendo que esa fue, probablemente, una de las peores decisiones que pude haber tomado en mi propia casa. Es que los roedores no solo aparecen en las viviendas sucias o abandonadas: se instalan en cualquier lugar donde logren entrar, y muchas veces el problema empieza por detalles que miramos todos los días sin prestarles atención.

La escena más común, según describe este especialista, es la del vecino que tapa un agujero con espuma de poliuretano y al mes siguiente vuelve a ver rastros en el mismo lugar. ¿Por qué? Porque la espuma, que es el sellador más usado para tapar grietas en paredes, zócalos y cañerías, tiene una limitación concreta: los roedores la pueden roer. Para que el cierre sea efectivo, la espuma debe ir combinada con una barrera física previa, como malla metálica o lana de acero, antes de aplicar la masilla. Sin esa capa de metal entre la pared y el sellador, el trabajo queda a medias y la colonia vuelve a entrar como si nada.

Los puntos de ingreso que se ignoran

Además de los agujeros visibles, hay otros accesos que suelen quedar fuera del radar doméstico. Los burletes deteriorados bajo las puertas son una vía frecuente, especialmente en casas antiguas donde el piso se fue hundiendo con los años. La vegetación muy pegada a la fachada funciona como puente para que los roedores trepen y lleguen a las aberturas superiores, como ventiluces o rejillas de aire acondicionado. Las cajas de cartón apiladas durante meses en depósitos, garages o sótanos ofrecen refugio y material para anidar. Y las pequeñas fugas de agua, esas goteras que parecen inofensivas, les garantizan bebida en cualquier estación.

A eso se suma un detalle que muchos dejamos pasar: el alimento de las mascotas que queda al alcance durante la noche. El plato de comida del perro o del gato, lleno a las once de la noche y todavía servido a las seis de la mañana, es un imán para ratones y ratas. Una vivienda puede estar ordenada y limpia y, aun así, sostener una infestación si alguno de esos accesos queda abierto. El especialista lo resume con una idea incómoda: no es cuestión de mugre, es cuestión de oportunidad.

Por qué los remedios caseros no resuelven el problema

En las redes sociales circulan soluciones caseras que, según el técnico consultado, no ofrecen resultados sostenidos. La menta y el vinagre pueden tener un efecto repelente muy breve, pero los roedores se acostumbran rápido o simplemente esquivan la zona. Los dispositivos de ultrasonido no atraviesan paredes ni muebles, y además los animales se habitúan al estímulo sonoro con el paso de los días. Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, pero no controlan una colonia entera: si hay diez ratones en un entretecho y se sacan dos, la infestación sigue activa. Y las trampas adhesivas, advierte, generan sufrimiento innecesario en el animal sin resolver el foco, además del riesgo de manipular un roedor vivo y asustado.

Cómo limpiar los rastros sin levantar polvo contaminado

Cuando ya hay presencia confirmada de roedores, la limpieza requiere un procedimiento específico que, en la mayoría de los hogares, no se conoce. El primer paso es ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar al espacio afectado, abriendo puertas y ventanas si el clima lo permite. Luego hay que colocarse guantes resistentes y protección para las vías respiratorias,idealmente una máscara con filtro, porque el verdadero riesgo está en lo que no se ve. Los excrementos, la orina y los restos de nidos pueden contener partículas infecciosas que, al secarse, quedan en suspensión.

Sobre los excrementos se aplica un desinfectante apropiado y se deja actuar unos minutos para que el polvo se compactenunca se barren en seco ni se aspiran, porque tanto la escoba como la aspiradora levantan partículas que se inhalan sin que uno lo note. Recién después se retiran con papel descartable y se desechan en una bolsa cerrada. Las superficies donde hubo rastros se limpian luego con el mismo producto o con una solución de lavandina diluida. Es un procedimiento que lleva más tiempo que una limpieza rápida, pero la diferencia entre hacerlo bien y hacerlo mal puede medirse en una consulta al médico.

Los roedores pueden transmitir enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, además de introducir parásitos externos como pulgas, garrapatas y ácaros del ratón, que después se hospedan en mascotas y en personas. Si los rastros se repiten después de una limpieza a fondo, o si se sospecha que el foco está en la red de alcantarillado o en un entretecho de difícil acceso, lo recomendable es dejar de improvisar y recurrir a un servicio profesional de control de plagas, que pueda evaluar la magnitud del problema y aplicar un tratamiento integral.

Yo lo miro así, en primera persona: tener un ratón en casa no es un castigo ni un signo de descuido, es un problema técnico con soluciones técnicas. Saber dónde se cuelan, entender que tapar un agujero no alcanza y, sobre todo, aprender a limpiar sus rastros sin exponerse a un polvo que no se ve, puede evitar desde una gastroenteritis hasta algo mucho más serio. La próxima vez que vea un excremento detrás del tacho, ya no voy a barrerlo con la mano. Antes de tocar nada, voy a abrir la ventana, ponerme los guantes y dejarlo en remojo. Esas pequeñas decisiones, que parecen exageradas, son las que separan un susto pasajero de una semana en cama.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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