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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Septiembre en la huerta: cómo hacer que las plantas de adorno convivan con las de comer sin pelearse el rincón

Cuando llega la primavera, el jardín se llena de opciones y la huerta deja de ser un cuadrado de tierra al fondo para transformarse en parte del paisaje cotidiano. Claves para sembrar, organizar y proteger un espacio donde conviven tomates, aromáticas y flores, sin que nada quede librado al azar.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 5 min de lectura
Septiembre en la huerta: cómo hacer que las plantas de adorno convivan con las de comer sin pelearse el rincón

Me confesaron hace unos días, mientras revisábamos un cantero bajo el sol de las nueve de la mañana, que la huerta de su casa empezó como una manera de tener albahaca fresca para la pasta del domingo y terminó ocupando un lugar central en el living. Ahora, desde el sillón, se ve el romero, el laurel y, apenas asoman, los primeros tomatitos cherry que prometieron cosechar a fin de mes. Esa imagen, que se repite en balcones y patios de la Argentina cuando septiembre empieza a templar el aire, es la que abre la puerta a una decisión menos poética y más práctica: cómo conviven, en un mismo metro cuadrado, las plantas que dan flores vistosas y las que terminan en la ensalada.

Pensar el espacio antes de tirar la primera semilla

Antes de elegir qué sembrar en septiembre, conviene pensar cómo se usará el espacio disponible. La huerta puede compartir terreno con las plantas ornamentales y formar parte de la vista desde una ventana, pero para que esa combinación funcione hay que mirar el conjunto como se mira una mesa servida: qué va primero, qué queda al fondo, qué necesita más luz y qué se va a comer más seguido. El diseño tiene que contemplar tanto la cosecha como el tamaño que alcanzará cada especie, además de los sectores que quedarán libres para conectar las distintas áreas del jardín y no convertir todo en un matorral difícil de transitar.

Una manera concreta de organizarla es mezclar vegetación que permanece varios años con cultivos que se renuevan estación tras estación. Romero, tomillo, orégano y laurel comestible pueden darle continuidad al conjunto, porque están casi todo el año con follaje y no piden demasiado a cambio. Entre las opciones de siembra de septiembre aparecen el tomate, la albahaca, la berenjena, la lechuga y el pepino, que viven su propia primavera y se despiden cuando vuelve el frío. Esa combinación es la que permite preparar el espacio con semillas o con plantines, según el apuro de cada uno y la paciencia que tenga la familia para esperar los primeros frutos.

  • Elegir aromáticas perennes (romero, tomillo, orégano, laurel comestible) como estructura fija del sector.
  • Sumar cultivos de temporada: tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, disponibles en semillas o plantines.
  • Definir dónde recibirá sol directo cada especie antes de decidir qué va en cada rincón.
  • Reservar una zona cercana a una canilla para facilitar el riego en los meses de mayor calor.
  • Anticipar qué cultivos necesitarán protección, como redes contra pájaros en el caso de las frutillas.

Sol, agua y los vecinos del cerco verde

La ubicación condiciona casi todas esas decisiones. Las plantas de huerta necesitan al menos medio día de exposición solar directa, y en la Argentina identificar el norte ayuda a reconocer el sector con mayor asoleamiento, esa zona donde la tierra se seca primero y donde conviene poner a los tomates antes que a la lechuga, que tolera algo más de sombra. También resulta práctico tener una toma de agua cerca, porque durante la primavera y el verano aumentan la evaporación y la transpiración de las plantas, y facilitar el riego es parte de la planificación tanto como elegir la variedad de zapallo.

Con esas necesidades resueltas, se pueden distribuir alturas, formas y colores. Un laurel comestible permite armar un cerco para ocultar una vista que no se desea destacar, como el tender donde se cuelga la ropa y que muchas veces queda a la vista del living. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina aporta flores amarillas, anaranjadas o rojizas, y transforma una frontera fea en un borde que da gusto mirar. La elección depende de las condiciones de cultivo y del lugar que ocupará la planta al crecer, algo que muchos olvidan y pagan cuando el ginkgo les tapa la ventana o el jazmín les invade la vereda.

También conviene anticipar qué cultivos necesitarán protección antes de que aparezcan los problemas. Las frutillas, por ejemplo, pueden requerir una red contra los pájaros, y ubicar ese sector fuera del primer plano permite integrar la cobertura al diseño sin que parezca un campo minado. En el suelo o en macetas, el compost y el humus de lombriz ayudan a mejorar la estructura de la tierra y aportan nutrientes, y son la diferencia entre una huerta que sobrevive y una que de verdad da gusto cosechar. Eso sí, hay un punto que no admite improvisación: el mantenimiento debe contemplar que habrá alimentos entre la vegetación, así que los productos fitosanitarios utilizados en todo el sector tienen que estar aprobados para cultivos comestibles, incluso cuando se apliquen sobre las plantas ornamentales cercanas, porque lo que cae sobre una flor termina, tarde o temprano, en la ensalada.

“La huerta deja de ser un cuadrado de tierra al fondo para transformarse en parte del paisaje cotidiano, y eso obliga a diseñarla como se diseña un jardín.”Soledad Da Silva

Yo lo veo así, y lo veo cada vez que un amigo me manda la foto del primer tomate de la temporada apoyado sobre la palma de la mano: septiembre en la Argentina es una invitación a mezclar, no a separar. Aromáticas que vuelven todos los años, hortalizas que viven su primavera, flores que pintan el cerco y una red invisible que cuida los frutos. Si el espacio se piensa antes de sembrar, el resto se acomoda solo, y hasta el tender queda escondido detrás de un laurel que, de paso, perfuma el asado del domingo.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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