Toto, el nene de nueve años que le pidió al público que no lo destroce en redes
El participante de MasterChef Junior se quebró en un video publicado por sus padres después de su primer episodio y pidió que paren los ataques; su madre aclaró que él no maneja Instagram y que esperaba ver mensajes lindos sobre su debut.

Me acuerdo como si fuera ayer de cuando mi viejo me llevaba en colectivo a la ribera del Riachuelo para ver a los pibes del barrio jugar a la pelota y cómo, después de cada partido, alguno terminaba llorando en el asfalto porque un grandote le había gritado en la cara. Eran otros tiempos, claro, y el escarnio público se resolvía en la esquina y al rato. Hoy, en cambio, un nene de nueve años puede sentarse frente a una pantalla con la ilusión de encontrar mensajes lindos sobre su primera aparición en la televisión y terminar leyendo, minuto a minuto, una pila de mensajes que le rompen el alma. Eso le ocurrió a Toto, el participante de MasterChef Junior que protagonizó uno de los momentos más incómodos de los últimos tiempos en la pantalla chica argentina.
El chiquilín, de apenas nueve años, arrancó su paso por el reality con una escena que lo expuso de una manera que nadie, ni sus padres ni los productores, podían haber imaginado. Durante la devolución de los jurados, cuando el equipo fue cuestionado por la hamburguesa que habían presentado, Toto mencionó que la preparación había estado a cargo de Ámbar, su compañera. La nena se quebró en llanto frente a las cámaras, dijo que temía quedar eliminada por esa observación y, a partir de ahí, se desató una catarata de mensajes de crítica contra el niño en distintas plataformas. El propio Toto, en un video que conmovió a medio país, reconoció el mal momento y pidió que paren los ataques.
La palabra del nene y la palabra de la madre
“Me están heateando y la verdad que me está afectando mucho. Yo ya le pedí disculpas a Ámbar, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona.”Toto, en un video publicado en la cuenta oficial del reality
Su madre tomó la palabra en la misma cuenta para intentar poner las cosas en su lugar, con un tono sereno y respetuoso que contrastó con la virulencia que se había instalado en las redes. Explicó que Toto no maneja redes sociales, que son ellos quienes administran las cuentas creadas a partir del programa, y que el nene había ido a mirar la repercusión de su debut muy ilusionado, esperando mensajes lindos. Cuando se topó con lo que se topó, le pidió a su vieja que lo ayudara a grabar ese video. La mujer además contó un dato que a mí, personalmente, me dejó pensando un buen rato: Toto tiene Altas Capacidades Intelectuales y que esa condición, sumada a los nervios lógicos de un debut, influyó en cómo manejó la situación ante las cámaras. Y agregó un detalle que duele: "Se acercó a darle un abrazo a Ámbar mientras lloraba y también le dijo palabras lindas, pero eso no lo mostraron".
La mujer confirmó también que las disculpas del nene hacia su compañera fueron hechas en privado, antes incluso de que el episodio se emitiera, algo que en mi humilde opinión cambia bastante la lectura de lo que vimos en pantalla. Porque una cosa es un nene que se manda una macana en vivo y otra muy distinta es un pibe que, apenas comete lo que él considera un error, va y se disculpa en persona, y que después igual queda expuesto al escarnio digital por algo que ya había intentado arreglar puertas adentro.
La historia se repite, una vez más
Si uno repasa la historia de los formatos de telerrealidad en la Argentina, desde los primeros Gran Hermano hasta los realities de cocina que vinieron después, la escena se repite con variantes: siempre hay un momento en que la lógica del televidente, que separa a la persona del personaje, se cruza con la de un participante, sobre todo cuando es menor, que todavía no termina de procesar qué significa estar bajo la lupa pública. Yo vi debutar a participantes que después se consagraron, pero también vi cómo quedaron marcados por errores que, si los hubiera cometido cualquier pibe en una plaza, nadie hubiera registrado. La pregunta que me queda dando vueltas es esa que dejó flotando el propio material: dónde está la frontera entre opinar sobre un programa y atacar a un nene que acaba de debutar en televisión. Una frontera que, a juzgar por lo que le pasó a Toto, en las redes todavía está bastante lejos de quedar clara.
Como recomendación personal, y sé que suena a consejo de viejo, les diría que la próxima vez que vean un reality con chicos y se les crucen los dedos para escribir un mensaje hiriente, piensen un segundo en que del otro lado de la pantalla hay una persona, tal como pidió el propio Toto con ese gesto que él mismo se encargó de remarcar en el video. Si la decisión es comentar, que sea para alentar; si no se puede, mejor quedarse callado. A mí, la historia del Toto me llevó de vuelta a la esquina de mi infancia y me hizo darme cuenta de que, con el correr de los años, el tono de la tribuna no hizo más que endurecerse. Y eso, en un país que presume de querer cuidar a las infancias, no puede seguir pasando.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Rose Belmont toma el látigo: el regreso de Castlevania a sus raíces en dos dimensiones

La nueva entrega de Avatar nos lleva a la región más hostil de Pandora y revela secretos inéditos

'Emilia Pérez' es la película más nominada a los Óscar pero la producción de Netflix genera polémica y críticas
