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Un segundo después de la quimio: el camino de un joven escocés para volver a ser padre

Un paciente de 19 años recibió en Edimburgo un trasplante de su propio tejido testicular, congelado tres años antes de una quimioterapia de alta intensidad. Es la primera vez que se hace en el Reino Unido y los resultados recién se conocerán dentro de ocho meses.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Un segundo después de la quimio: el camino de un joven escocés para volver a ser padre

Son las ocho de la mañana en un hospital de Edimburgo y un joven de 19 años está acostado en una camilla, mirando el techo, mientras el equipo de anestesiología termina los preparativos. No es una operación cualquiera: en su cuerpo están por reimplantar un pedacito de lo que él mismo guardó hace tres años, antes de que una quimioterapia durísima le apagara la fábrica de espermatozoides. Yo, que vengo siguiendo desde hace años los avances en reproducción asistida, confieso que la escena me eriza la piel, porque en esa cabina de hospital se está jugando algo enorme para él: la chance de ser padre algún día.

La historia empieza en 2023. El joven, un adolescente todavía, necesitaba un trasplante de médula ósea para tratar un trastorno sanguíneo grave. El tratamiento previo a ese trasplante incluía quimioterapia en dosis tan elevadas que los médicos le aclararon, con crudeza, que su fertilidad podía quedar destruida para siempre. Antes de empezar, le ofrecieron una posibilidad que por entonces sonaba a ciencia ficción: extraerle y congelarle una muestra de tejido testicular. Aceptó. Aceptó porque, como dice hoy con una mezcla de serenidad y alivio, siempre quiso tener hijos propios, aunque ya había empezado a aceptar que quizá no sería posible.

Una técnica que viaja de Bélgica hacia el mundo

El procedimiento al que se sometió es experimental y, según el material que llegó a esta redacción, es el primero de este tipo en el Reino Unido. Lo encabezaron profesionales del NHS Lothian, el sistema público de salud escocés, junto con científicos de la Universidad de Edimburgo. Lo que hicieron fue volver a colocarle una porción de aquel tejido que él mismo había guardado, con la esperanza de que las células madre que contiene, llamadas células madre espermatogoniales, despierten, se reacomoden y vuelvan a producir espermatozoides como lo hacían antes de la quimio.

Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo en la Universidad de Edimburgo y responsable del equipo, fue claro al explicar que todavía hay que demostrar que la técnica funciona de verdad: no alcanza con que aparezcan espermatozoides, esos espermatozoides tienen que ser aptos para una fecundación y el proceso tiene que poder repetirse en otros pacientes sin sorpresas. Por eso, dentro de ocho meses, los médicos le van a retirar y analizar un fragmento del tejido reimplantado para ver si hubo, efectivamente, espermatogénesis, la palabra técnica para nombrar lo que en criollo significa que el cuerpo volvió a fabricar espermatozoides.

Los controles para que el riesgo no sea otro tumor

Hay un punto que en estas notas suele quedar escondido y que a mí, como lectora curiosa, me parece central: cuando el tejido testicular se congela en alguien que tuvo cáncer, existe el riesgo teórico de que vuelva a meter al paciente dentro alguna célula maligna dormida. Por eso, antes del trasplante, el equipo tiene que descartar de manera minuciosa que eso pase, usando histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares. Es un trabajo casi detectivesco, revisar célula por célula, para que la herramienta que busca devolverle la fertilidad no se convierta en un caballo de Troya.

El antecedente más importante llegó desde Bélgica, donde un hombre de 27 años al que le habían congelado tejido a los 10 volvió a producir espermatozoides maduros después de que se le reimplantaran fragmentos 16 años después. Hasta ahora, según lo consignado, no se comunicó una fecundación ni un nacimiento a partir de ese material, así que el camino todavía tiene tramos por recorrer. La buena noticia es que el caso británico puede aportar datos clave para entender si lo de Bélgica fue una excepción afortunada o el comienzo de una nueva herramienta para miles de jóvenes que cada año se enfrentan a la quimio antes de haber sido padres.

Mientras esperaba cerrar esta nota, miré un rato por la ventana y me acordé de algo que suelo repetirles a los amigos que me preguntan de qué se trata todo este barullo de la reproducción asistida: la medicina avanza a paso firme, pero todavía tropieza con el cuerpo, con el tiempo y con los sueños de cada paciente. Este joven de 19 años aceptó un procedimiento experimental con la única certeza de que, si todo sale bien, dentro de unos meses va a poder volver a hacerse la pregunta más antigua del mundo, la de si va a ser padre. Y eso, aunque el resultado todavía sea incierto, ya es una pequeña victoria que a mí, como cronista, me parece enorme.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida

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