Una llaga en la boca puede ser pasajera, pero hay señales que no conviene ignorar
Las aftas suelen desaparecer en una o dos semanas. La persistencia, el tamaño, la frecuencia y la presencia de otros síntomas pueden justificar una consulta médica.

Una persona se muerde la mejilla, siente ardor y, al mirarse al espejo, descubre una pequeña úlcera de centro blanquecino y borde rojizo. En la mayoría de los casos se trata de una afta común: una lesión molesta, pero temporaria, que suele resolverse sola en una o dos semanas. La diferencia importante no está solamente en cuánto duele, sino en cuánto tiempo permanece, qué tamaño alcanza y cuántas veces vuelve a aparecer.
Las aftas pueden formarse en la cara interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, en las encías, en el interior de los labios o en el paladar blando. A veces aparecen después de una sensación de ardor u hormigueo. A diferencia del herpes labial, no suelen presentarse sobre la superficie exterior de los labios y no se contagian.
Por qué aparecen
Los traumatismos locales son desencadenantes frecuentes: morderse la mejilla, cepillarse con demasiada fuerza, el roce de un aparato de ortodoncia o de una prótesis mal ajustada y las quemadura, daños o irritaciones producidas por alimentos calientes. El estrés, el cansancio y los cambios hormonales asociados con la menstruación o el embarazo también pueden relacionarse con su aparición.
La alimentación y el estado nutricional también importan. Se han relacionado estas lesiones con carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes presentaban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, menores reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores aclararon que la asociación no demuestra una causa directa y que, para algunos indicadores, la evidencia disponible sigue siendo limitada.
Cuándo consultar
Hay señales que indican que la consulta no debe postergarse. Una llaga que persiste más de dos o tres semanas, las lesiones de tamaño unusual, la repetición frecuente o la aparición de múltiples aftas requieren una evaluación profesional. También conviene consultar si las lesiones vienen acompañadas por síntomas en otras partes del cuerpo, ya que pueden vincularse con celiaquía, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet, artritis reactiva, infecciones o estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida.
La mayoría de las aftas no necesita un tratamiento especial y desaparece sin dejar marcas. Las variantes mayores, más profundas y dolorosas, pueden tardar hasta seis semanas en cicatrizar; otra forma, formada por múltiples ulceraciones diminutas agrupadas, también puede resultar especialmente incómoda. Frente a una lesión persistente o recurrente, la recomendación es consultar y no asumir que se trata de una molestia sin importancia. En mi trabajo como periodista, creo que vale la pena atender el ritmo del cuerpo y buscar orientación cuando un síntoma deja de ser pasajero.
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