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Rodillas en jaque: por qué el dolor persiste aun cuando se fortalecen las piernas y qué hacer para revertirlo

Un estudio reciente sobre 377 adultos confirma que la fuerza muscular no alcanza si la técnica falla. Especialistas marcan los vicios más comunes en el gimnasio y los ajustes concretos que pueden cambiar la salud articular.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Rodillas en jaque: por qué el dolor persiste aun cuando se fortalecen las piernas y qué hacer para revertirlo

Son las seis de la tarde de un martes cualquiera y el gimnasio del barrio empieza a poblarse de personas que, después de una jornada larga, buscan en las máquinas un rato de alivio y de descarga. Muchas llegan con la idea, bastante instalada, de que mientras más fuerte hagan los cuádriceps, más protegidas tendrán las rodillas. El problema es que esa ecuación no siempre cierra. Un estudio publicado en febrero de 2026 en la revista Arthritis Care & Research, que siguió durante dieciocho meses a 377 adultos con problemas de rodilla, llegó a una conclusión que a más de uno le modifica la planificación: la musculatura, por sí sola, no protege la articulación si los movimientos se ejecutan de manera incorrecta. A partir de ese hallazgo, una fisioterapeuta y una entrenadora identificaron los errores de técnica más comunes y, sobre todo, las correcciones que están al alcance de cualquiera que entrene con peso.

El colapso de rodillas, el vicio que más articulaciones arruina

El primero y más dañino de los errores, según las especialistas, es lo que en el consultorio se conoce como valgo de rodilla: la articulación se desvía hacia el centro del cuerpo en lugar de mantenerse alineada con los dedos del pie durante una sentadilla, una zancada o una prensa de piernas. La fisioterapeuta Casey Lee lo describe sin rodeos: esa posición sobrecarga la rodilla muy por encima de lo que la articulación está diseñada para tolerar, y tarde o temprano el cuerpo pasa la factura. La buena noticia es que el vicio se ve y, por lo tanto, se corrige. La recomendación concreta es entrenar frente a un espejo, vigilar que la rótula quede alineada con el segundo o tercer dedo del pie durante todo el recorrido y concentrarse en la técnica por encima del peso. Cuando el colapso se repite pese a la atención, suele estar hablando de dos cosas: rigidez del tobillo o debilidad del glúteo medio, dos situaciones que conviene evaluar con un profesional antes de seguir sumando carga.

Cómo detectar en casa si el tobillo está frenando la rodilla

La movilidad del tobillo es el segundo gran protagonista de esta historia, y suele quedar oculta. Cuando esa articulación pierde amplitud, la rodilla tiende a avanzar más allá de la línea de los dedos del pie en la zancada y el tobillo gira hacia adentro, generando una torsión de la tibia que la rodilla paga sin haber firmado ese consentimiento. La prueba para saber dónde está cada uno es bien simple y se puede hacer en el living: parado a unos diez centímetros de una pared, se apoya la punta del pie en el piso y se intenta tocar la pared con la rodilla sin despegar el talón. Si la rodilla llega, el tobillo tiene la movilidad que necesita. Si no, conviene ensanchar el paso y reducir la excursión hacia adelante hasta recuperar rango con ejercicios específicos.

Dejar de entrenar, la peor decisión ante el dolor

Acá aparece otro extendido, y muy humano, malentendido. Cuando la rodilla empieza a molestar, mucha gente directamente borra el entrenamiento de la rutina y se queda en casa esperando que el tiempo haga el resto. Lee es categórica: el reposo absoluto alivia los síntomas de manera temporal, pero al mismo tiempo debilita los tejidos que sostienen la articulación y abre la puerta a caídas por pérdida de masa muscular. La estrategia que mejor funciona es la que los kinesiólogos llaman recuperación activa: estiramientos, trabajo con rodillo de espuma, ejercicios isométricos como la sentadilla contra la pared y, si el cuerpo lo permite, algo de ejercicio acuático, que permite ganar fuerza con un impacto mucho menor sobre la rodilla.

Lo que también pesa: calzado, hidratación y comunidad de entrenamiento

Hay, además, dos factores que las especialistas remarcan y que a veces se pasan por alto. El primero es el calzado: una zapatilla gastada, con la suela asimétrica, modifica la pisada y termina trasladando toda la desalineación hacia arriba, directo a la rodilla. Lo segundo es la hidratación y el calentamiento previo, dos viejas conocidas a las que conviene volver a darles lugar antes de tocar la barra. Y hay un tercer elemento, menos clínico pero igual de importante: entrenar acompañado, en un grupo o con un compañero que mire los movimientos y avise cuando la rodilla empieza a desalinearse, marca una diferencia enorme. La técnica se cuida entre todos, no en soledad frente a la máquina.

Yo, que llevo años escribiendo sobre salud y cuerpo escuchado, reconozco que este tipo de notas me dejan una sensación particular: la de que el gimnasio, tan asociado al esfuerzo solitario y a la voluntad individual, en realidad es un espacio donde la técnica, la observación y el cuidado del otro pesan tanto como la carga que se levanta. Proteger la rodilla no es un asunto de fuerza bruta sino de atención, de corregir a tiempo y de animarse a pedir una segunda mirada cuando el espejo no alcanza. Es, en definitiva, una de esas pequeñas revoluciones cotidianas que empiezan en una sentadilla bien hecha.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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