Saltar al contenido
Domingo, 18 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Ecos del Iguazú

Ecos del Iguazú

Stalingrado, la herida que el cine alemán reconstruyó entre el hielo y la memoria

A tres décadas de su estreno, la película de Joseph Vilsmaier sigue siendo una de las apuestas más arriesgadas del género bélico europeo: 12.000 extras, frío finlandés y una pregunta que todavía incomoda.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Stalingrado, la herida que el cine alemán reconstruyó entre el hielo y la memoria

Aquella vez que un abuelo de origen alemán me contó, con la voz quebrada y un vaso de grapa en la mano, que su hermano mayor nunca volvió del frente oriental, entendí por primera vez que ciertas batallas no terminan cuando se firman los armisticios. Stalingrado, esa ciudad cuyo nombre se volvió sinónimo de devastación, fue durante mucho tiempo una herida abierta en la memoria colectiva europea, y todavía hoy sigue siendo un tema que incomoda, que duele y que, sin embargo, merece ser revisitado una y otra vez, sobre todo cuando una película como la que dirigió Joseph Vilsmaier en 1993 se ofrece como un documento imprescindible para comprender no solamente lo que ocurrió entre agosto de 1942 y la rendición del Sexto Ejército de Hitler, sino también las razones profundas por las que aquella tragedia marcó a fuego el imaginario de todo un continente y dejó, según los cálculos más rigurosos de los historiadores, alrededor de dos millones de muertos entre soldados y civiles, una cifra que por sí sola basta para explicar por qué el cine volvió una y otra vez sobre ese infierno de nieve, hambre y metralla.

Quiero detenerme en la película misma, porque su historia de producción es tan apasionante como el relato que pone en pantalla. Vilsmaier, a quien en los círculos cinéfilos de habla hispana apodan simplemente Vilsmaier sin más vueltas, contó con un presupuesto de 20 millones de marcos alemanes, lo que en la época equivalía aproximadamente a 14 millones de dólares, una cifra considerable para una producción alemana de los años noventa que no pertenecía al circuito de Hollywood y que, por lo tanto, debía arreglárselas con recursos propios para intentar reconstruir visualmente el horror de una batalla que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial y que, según quedó registrado en el diario de Joseph Goebbels, el propio Adolf Hitler consideraba una necesidad psicológica urgente por el valor simbólico que la ciudad del Volga tenía para el régimen soviético, razón por la cual las tropas alemanas recibieron la orden expresa de no rendirse bajo ninguna circunstancia, unadirectriz que terminó costándoles la vida a cientos de miles de soldados atrapados en la trampa que los soviéticos les tendieron con la Operación Urano.

Un rodaje bajo cero y doce mil extras

Lo que más me llama la atención, y creo que también es lo que distingue a esta película de otras producciones bélicas posteriores, es la decisión de rodar buena parte de las secuencias más exigentes en Finlandia, donde el equipo de producción tuvo que soportar temperaturas que llegaron a treinta grados bajo cero durante los cinco meses que duró el rodaje, una experiencia que, según cuentan quienes participaron en ella, terminó por soldar al elenco con un realismo que difícilmente se hubiera podido conseguir en un estudio o en un set climatizado. Para las escenas de combate se movilizaron alrededor de doce mil extras, una cifra descomunal incluso para los estándares del cine de Hollywood, y se contrataron veteranos de guerra amputados con el objetivo de reforzar el realismo visual de las escenas, un detalle que a mí, personalmente, me parece una de las decisiones más éticamente discutibles y a la vez más impactantes de toda la producción, porque pone en evidencia hasta qué punto los realizadores estaban dispuestos a llegar para que el espectador sintiera en la propia piel el peso de aquella carnicería.

  • Presupuesto: 20 millones de marcos alemanes, unos 14 millones de dólares de la época.
  • Rodaje: cinco meses, con secuencias clave filmadas en Finlandia a 30 grados bajo cero.
  • Extras: aproximadamente 12.000 personas movilizadas para las escenas de combate.
  • Recaudación en Alemania: 10 millones de dólares, por debajo de las expectativas iniciales.
  • Recepción en España: especialmente favorable, con 1,34 millones de euros en taquilla.
  • Curiosidad: ninguna escena se filmó en la ciudad real, porque Stalingrado fue reconstruida por completo en la posguerra.
  • Disponibilidad actual: se puede ver en Amazon Prime Video.

Hay un dato que a mí me resulta particularmente elocuente y que pocas veces se menciona cuando se habla de esta película: ninguna de sus escenas fue rodada en la ciudad real de Stalingrado, y la razón es tan triste como reveladora, porque la destrucción masiva que sufrió la ciudad durante el conflicto fue tan absoluta que los soviéticos se vieron obligados a reconstruirla por completo en la posguerra, de modo que cuando el equipo de producción llegó para buscar localizaciones no encontró ni una sola edificación de la época que pudiera servir como ambientación para el relato, lo que obligó a levantar desde cero todos los decorados y a confiar en el poder evocador de la fotografía y del sonido para transportar al espectador a aquel infierno de ladrillos y nieve.

“La adaptación cinematográfica de la novela de Theodor Plievier, publicada en 1945, llegó recién en 1993, casi medio siglo después de los hechos, lo que demuestra que ciertas heridas históricas necesitan tiempo para ser contadas con la distancia suficiente como para no caer en la propaganda o en el panfleto.”Osvaldo Duarte

En lo que a mí respecta, y se lo digo con la honestidad que me caracteriza, recomiendo fervientemente a quien todavía no haya visto esta película que se tome el tiempo de buscarla en el catálogo de Amazon Prime Video y le dedique una noche entera, sin interrupciones, porque se merece la misma atención que se le brinda a cualquier clásico del género bélico, y aunque es cierto que su proyección internacional quedó en parte opacada por el estreno posterior de Enemigo a las puertas, la película de Jean-Jacques Annaud con Jude Law en el papel protagónico, eso no le quita ni un ápice de mérito a la propuesta de Vilsmaier, que sigue siendo una de las apuestas más arriesgadas, más crudas y más necesarias del cine bélico europeo de las últimas décadas, una obra que, como me dijo una vez un viejo profesor de historia, no se mira: se atraviesa, y se sale del otro lado siendo, irremediablemente, un poco más humano.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo