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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Street Fighter arranca arriba en los cines del mundo, pero la pelea con la crítica ya la está perdiendo

La adaptación cinematográfica de la franquicia de Capcom debutó en lo más alto de la recaudación global con 51,1 millones de dólares, aunque las primeras reseñas le ponen límites al entusiasmo y dejan en suspenso el futuro de la saga en la pantalla grande.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Street Fighter arranca arriba en los cines del mundo, pero la pelea con la crítica ya la está perdiendo

Les confieso que cada vez que escucho el riff inicial de Street Fighter siento que vuelvo a la galería del barrio, a fines de los ochenta, cuando unos pesos alcanzaban para tres fichas y la consola era el centro absoluto de la tarde. Por eso, cuando supe que el cine volvía a tentar con esta franquicia, me acomodé en la butaca con la misma expectativa con la que entré por primera vez a una sala: con la ilusión del que quiere reencontrarse con algo que le marcó la vida, y con el susto de comprobar que el tiempo, a veces, no perdona ni a los personajes más queridos. Esta vez, la película basada en los videojuegos de peleas de Capcom consiguió lo primero que se le pide a un estreno de estas características: llegar al público y llenar salas. Según los datos difundidos en las últimas horas, la producción debutó en el primer puesto de la taquilla mundial con una recaudación estimada de 51,1 millones de dólares, repartidos entre el mercado estadounidense y la cartelera internacional, una cifra que la ubica por encima de varios debuts recientes de adaptaciones de videojuegos y que, sin embargo, no alcanza para cantar victoria.

Un reparto pensado para mezclar con el mito

  • Noah Centineo como Ken
  • Callina Liang como Chun-Li
  • David Dastmalchian como M. Bison
  • Jason Momoa como Blanka
  • Dirección de Kitao Sakurai

El dato de la taquilla convive con una recepción que ya empezó a dividir aguas, y ahí es donde la historia se pone interesante para los que seguimos estas adaptaciones desde sus primeros tropiezos cinematográficos. Los espectadores aficionados al género celebraron las coreografías de combate, los efectos visuales y el ritmo de entretenimiento, ese pulso rápido y directo que hace al ADN de los juegos de peleas y que, cuando está bien calibrado, funciona como un gancho irresistible para el público que creció frente al joystick. La prensa especializada, en cambio, fue notablemente más fría: las calificaciones que se conocieron en las primeras horas de estreno rondaron el 43 por ciento de aprobación, una marca que habla de problemas en el guion y de una construcción de personajes que no termina de convencer más allá de los golpes bien coreografiados. Es la misma grieta que se repite casi cada vez que Hollywood se anima con un título de culto: el fan reconoce las referencias y festeja; la crítica pide una película que funcione por sí sola, sin atajos nostálgicos.

En lo económico, la película declaró un presupuesto de producción de 82 millones de dólares, una cifra a la que todavía hay que sumarle los costos de promoción y distribución que no figuran en ese número inicial. Con esa referencia en la mano, las próximas semanas serán las que definan si el desembolso termina siendo razonable para Paramount, Legendary y Capcom, o si el proyecto queda en la categoría de aquellos títulos que ganan la primera ronda pero pierden el combate completo. Para poner las cosas en perspectiva, el estreno actual supera lo que obtuvo Mortal Kombat en su debut estadounidense en 2021, aunque queda por debajo de la apertura global de la secuela de esa misma franquicia, que llegó a los 63 millones de dólares. La comparación sirve, sobre todo, para dimensionar dónde se ubica esta nueva apuesta dentro del mapa reciente de adaptaciones de videojuegos: competitiva, sí; consagratoria, todavía no.

A mí, que vengo siguiendo estas idas y vueltas desde que Hollywood se empecinó con los juegos de peleas, me queda una sensación que ya conozco: la de estar parado en la puerta del cine con la misma mezcla de cariño y desconfianza con la que uno mira una vieja foto de la colonia del barrio. Las sagas de videojuegos, cuando llegan a la pantalla, arrastran décadas de historia personal para cada jugador, y eso es un capital enorme que también es una trampa, porque obliga a la película a competir no solo con otras películas, sino con los recuerdos. Lo que se vio en este primer fin de semana confirma que el público respondió, que las salas se llenaron y que la maquinaria promocional funcionó; ahora falta la segunda prueba, la del boca a boca y la del acumulado, que es la que suele definir si estamos ante un verdadero regreso o ante un capítulo más de la larga lista de adaptaciones que prometen mucho y terminan en el cajón de los recuerdos. Yo, mientras tanto, les recomiendo que vayan a verla con la misma predisposición con la que uno se sienta frente a una recreativa: sin pedirle a la pantalla que reemplace al joystick, pero dispuestos a dejarse llevar por los combos, los golpes cruzados y, por qué no, por ese Blanka inesperado que Jason Momoa se anima a encarnar. Al final, la película, como los buenos juegos de la vieja escuela, se disfruta más cuando uno se entrega a la partida en lugar de quedarse analizando el manual.

El resultado acumulado en las próximas semanas también condicionará las decisiones sobre el futuro de la franquicia: la posibilidad de secuelas, de spin-offs o de proyectos que amplíen el universo de los juegos de pelea dependerá, en buena medida, de cómo cierre esta primera entrega en la taquilla. Por ahora, el debut es un mensaje ambiguo: arriba del ring, pero todavía sin la aprobación del jurado. Y a ustedes, estimados lectores, los dejo con la pregunta que dejé flotando al principio: ¿creen que esta película le hace justicia al videojuego, o el cine todavía está buscando, película tras película, esa fórmula que le permita trasladar al ring de la pantalla grande todo lo que el joystick nos hizo sentir durante décadas?

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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