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Umbralejo: el pueblo de pizarra que volvió a latir en la sierra de Guadalajara

A 70 kilómetros de la capital provincial, este enclave de la Arquitectura Negra pasó del olvido a convertirse en aula de naturaleza y refugio de viajeros que buscan la España más silenciosa.

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Karina SzewczukTurismo · · 3 min de lectura
Umbralejo: el pueblo de pizarra que volvió a latir en la sierra de Guadalajara

Les cuento lo que me pasó la primera vez que crucé el umbral de Umbralejo: uno entra por un camino de tierra que va trepando entre robles y se topa, de golpe, con un pueblo entero hecho de cuarcita y pizarra oscura, como si la propia sierra se hubiera condensado en casas, pajares y callejones. Es un pueblo de Guadalajara, sí, pero también es una lección de cómo se puede devolverle la vida a un lugar que el siglo XX había dado por muerto. Hoy, según me confirman quienes trabajan en el enclave, recibe visitantes durante todo el año y aloja a grupos de estudiantes y docentes en programas de educación ambiental.

Umbralejo está a unos 70 kilómetros de la ciudad de Guadalajara, dentro del Parque Natural Sierra Norte, y forma parte del conjunto conocido como Arquitectura Negra, que reúne ocho pueblos del extremo occidental del Sistema Central caracterizados por construir sus viviendas con la piedra oscura que da nombre al grupo. En el caso de Umbralejo, sus orígenes se remontan a un puñado de cabañas de pastores que, con el correr de los siglos, terminaron conformando un caserío con casas, pajares y calles irregulares levantadas con cuarcita y pizarra extraídas del entorno. Sus antiguos vecinos vivían de la ganadería, de los cultivos de secano y, más adelante, de la producción de carbón vegetal, una economía de montaña que fue apagándose junto con el siglo XX.

Del éxodo rural a la rehabilitación del Estado

Como tantos pueblos de la España de montaña, Umbralejo sufrió de lleno el éxodo rural de mediados del siglo pasado: la falta de servicios, el aislamiento y las dificultades económicas fueron vaciando las casas hasta dejarlas deshabitadas hacia fines de la década del 60. Con el pueblo ya sin vecinos, los inviernos largos y rigurosos de la Sierra Norte se encargaron de deteriorar unas construcciones que, durante décadas, no tuvieron a nadie que las cuidara. El rescate llegó en los años 80, cuando el Ministerio de Medio Ambiente adquirió el enclave y lo incorporó al Programa Experimental de Recuperación de Pueblos Abandonados como Aula de Naturaleza. Lo importante, y me lo subrayan cada vez que lo visito, es que las obras se hicieron respetando al máximo el diseño, los materiales y las estructuras originales de cada edificio, de modo que quien camina hoy por sus calles no está viendo una reconstrucción caprichosa, sino la misma aldea de siempre, puesta a punto.

El resultado es un pueblo con 70 edificios rehabilitados entre casas y pajares, que hoy funciona como sede de estancias temporales para grupos de estudiantes y docentes que participan en proyectos de educación ambiental, salud, convivencia y recuperación etnográfica. En la práctica, eso significa que Umbralejo tiene una vida silenciosa pero constante, con aulas disfrazadas de viviendas de pizarra y con vecinos que, durante algunas semanas al año, vuelven a ser chicos de escuela o estudiantes universitarios.

Qué ver y cómo recorrer Umbralejo

  • Recorrer las calles empedradas del casco, deteniéndose en los detalles de la cuarcita y la pizarra: cada fachada cuenta cómo se trabajaba la piedra en la sierra.
  • Visitar el museo etnográfico, instalado en una vivienda original del pueblo, donde se reconstruye la vida cotidiana de los antiguos habitantes.
  • Sumar, cuando el clima lo permite, rutas de senderismo por los alrededores del Pico Ocejón, uno de los cerros más reconocibles de la zona.
  • Aprovechar la visita para empaparse de la ruta completa de los Pueblos de la Arquitectura Negra, que reúne ocho localidades de características similares en Guadalajara.

Antes de armar la valija, tengan presente un dato clave que me repiten cada vez que vuelvo: los inviernos en la Sierra Norte de Guadalajara pueden ser intensos, con nieve y temperaturas bajo cero, así que conviene informarse del estado del tiempo y de los accesos antes de subir. Y ya que están por la región, mi consejo práctico es tomarse al menos un día completo: Umbralejo se disfruta sin apuro, dejándose llevar por el crujir de la piedra bajo los pies, y por la sensación, un poco melancólica y un poco luminosa, de estar caminando por un pueblo que volvió a latir cuando todos lo daban por perdido.

KS
Karina SzewczukTurismo

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