Rose Belmont toma el látigo: el regreso de Castlevania a sus raíces en dos dimensiones
El 15 de octubre llega Castlevania: Belmont's Curse, un Metroidvania 2D ambientado en el París de 1499 que pone a Rose, hija de Trevor, al frente de la caza contra las criaturas de la noche. Látigo, cartas de tarot y exploración clásica para una nueva generación de Belmont.

A fines de los ochenta, cuando el primer Castlevania llegó a las máquinas de la mano de un joven programador japonés llamado Hitoshi Akamatsu, muy pocos imaginaban que esa postal gótica terminaría convertida, décadas más tarde, en una saga de referencia para entender el género de acción y exploración en dos dimensiones. Recuerdo todavía el ruido del látigo en la pantalla, esa música que se pegaba a la cabeza durante semanas y la sensación de estar entrando a un castillo que no terminaba nunca. Por eso, cada vez que una entrega vuelve al formato 2D original, algo de aquella emoción primera reaparece. Es lo que promete Castlevania: Belmont's Curse, que llega el 15 de octubre a PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y PC, con la particularidad de poner en el centro de la historia a una protagonista que nunca antes había tenido el protagonismo absoluto: Rose, la hija del mismísimo Trevor Belmont.
La historia se sitúa en el París de 1499, apenas 23 años después de los hechos narrados en Castlevania III: Dracula's Curse, y propone una ciudad europea asediada por criaturas que emergen de las sombras. Esa decisión de ambientar la aventura en una urbe real, y no en un castillo cerrado, renueva la mitología de la saga sin traicionarla: la arquitectura gótica, la oscuridad y los elementos fantásticos que siempre asociamos a la franquicia se mantienen intactos, pero ahora conviven con calles, plazas y pasadizos que le dan personalidad visual a cada zona del mapa. Es un movimiento inteligente, porque permite expandir la idea de "cacería nocturna" más allá de los pasillos de siempre.
El látigo como identidad y como herramienta
El látigo sigue siendo el corazón de la experiencia, y en esta entrega cumple una función doble. Por un lado, mantiene su rol clásico en el combate contra vampiros, esqueletos y bestias varias; por el otro, se convierte en una herramienta de desplazamiento, ya que Rose puede usarlo para balancearse, alcanzar plataformas y atravesar sectores del mapa que de otra forma resultarían inaccesibles. Esa decisión de diseño no es menor: le da a la protagonista una identidad propia dentro del linaje Belmont, marcado históricamente por figuras como el propio Trevor, Richter o Simon, y hace que la transición entre explorar y pelear se sienta fluida, sin los cortes abruptos que a veces sufren otros juegos del género.
La exploración mantiene el esquema clásico del Metroidvania. Hay caminos bloqueados que se abren al conseguir nuevas habilidades, atajos que se revelan cuando uno regresa sobre zonas ya visitadas y desvíos que terminan siendo mucho más extensos de lo esperado. Quien haya jugado a Symphony of the Night o a los Aria of Sorrow va a reconocer enseguida la fórmula: el mapa está pensado para premiar la curiosidad, y volver sobre un lugar ya recorrido con una herramienta nueva se vuelve, cada vez, un pequeño premio. Aquí aparece, eso sí, uno de los puntos menos resueltos: el backtracking puede perder fuerza en ciertos tramos. Volver sobre caminos conocidos es parte inevitable del género, pero hay momentos en que la sensación de descubrimiento se diluye, algo que los desarrolladores deberán ajustar en futuros parches o expansiones.
Las cartas de tarot y el sistema de Arcanos
Uno de los agregados más atractivos de Belmont's Curse es el sistema de Arcanos, que introduce una capa de progresión distinta a la habitual. Cada jefe que Rose derrota queda sellado en una carta de tarot y se transforma, literalmente, en una nueva habilidad, hechizo o acción especial. Entre los enfrentamientos confirmados aparecen figuras emblemáticas como La Muerte, Medusa y Carmilla, junto a rivales nuevos que prometen dar pelea. A ese sistema se suman armas distribuidas en siete categorías y reliquias con efectos tanto ofensivos como defensivos, lo que permite moldear a la protagonista según el estilo de cada jugador: más agresiva, más sigilosa, más centrada en el control de multitudes o en el daño a un solo objetivo.
- Plataforma: PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y PC.
- Fecha de lanzamiento: 15 de octubre.
- Protagonista: Rose Belmont, hija de Trevor.
- Ambientación: París, 1499, 23 años después de Castlevania III: Dracula's Curse.
- Género: Metroidvania 2D de acción y exploración.
- Mecánica destacada: el látigo sirve para pelear y para desplazarse.
- Sistema de progresión: cartas de tarot y armas en siete categorías.
La banda sonora acompaña la exploración con temas que se sostienen en la memoria mucho después de apagar la consola, una marca registrada de la franquicia que en esta oportunidad parece mantener el listón alto. La dirección artística, por su parte, recupera esa combinación de gótico, oscuridad y fantasía que es casi una firma de la casa, con escenarios que tienen personalidad visual propia y que invitan a detenerse un instante antes de seguir avanzando.
En lo personal, y más allá de los reparos que pueda tener cualquier jugador veterano con el ritmo del backtracking, celebro que la saga vuelva a confiar en una protagonista femenina para encabezar una entrega numerada dentro del canon. Rose no es un personaje decorativo ni un cambio cosmético: tiene su propia mecánica de movimiento, su propio árbol de habilidades y un lugar claro en la línea temporal de la familia. Si a eso le sumamos el regreso a las dos dimensiones, la exploración clásica y un sistema de progresión que invita a experimentar, el panorama es más que tentador. Mi recomendación, como cada vez que un Belmont vuelve a tomar el látigo, es reservar una semana larga, bajar las luces, subir el volumen y dejarse llevar por el ruido inconfundible de ese chicote cruzando la pantalla. Hay cosas que, contra viento y marea, no envejecen.
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