Street Fighter: cuando la pantalla chica del puntaje separa a la prensa del público
La película basada en el clásico de los videojuegos abrió una grieta de 36 puntos entre la crítica y los espectadores en Rotten Tomatoes, y volvió a poner sobre la mesa un debate conocido: ¿se puede juzgar con la misma vara a un filme pensado como homenaje a una comunidad?

A mediados de los años noventa, cuando todavía esperaba turno en el mostrador del videoclub para alquilar la consola y cargar el cartridge de Street Fighter II, jamás se me cruzó por la cabeza que esa pantalla de selección de personajes podía terminar, tres décadas después, discutiéndose en una página de calificaciones como si fuera una película de arte. Y sin embargo acá estamos, mirando un número en una página web que separa aguas como pocas veces se vio: la cinta que adapta la saga de Caplay llegó a las salas en 2026 y dividió las opiniones con la elegancia de un uppercut bien conectado. Del lado de los críticos, un 43 por ciento de aprobaciones en el Tomatómetro de Rotten Tomatoes. Del lado del público, un 79 por ciento en el Popcornmeter. Treinta y seis puntos de distancia, un abismo.
La película, dirigida por Kitao Sakurai y con Noah Centineo en la piel de Ken, Andrew Koji como Ryu y Callina Liang como Chun-Li, se planta en ese terreno movedizo de las adaptaciones de videojuegos que nunca terminan de convencer a la prensa cinematográfica pero que, periódicamente, conquistan a la comunidad que les dio origen. No es la primera vez que la saga transita ese camino, ni probablemente sea la última, pero esta entrega volvió a poner el debate sobre la mesa con una nitidez pocas veces vista en los números.
Lo que dicen los críticos
- Guión con problemas estructurales y un ritmo irregular que no termina de encontrar su propia cadencia.
- Chistes que no funcionan del todo y que parecen pensados para otro tipo de público o de formato.
- Reconocimiento, sin embargo, a las secuencias de pelea y a las animaciones en 2D que sostienen el interés y evitan que la propuesta se vuelva aburrida, incluso cuando sus partes no encajan a la perfección.
Lo que dicen los fans
- Valoración positiva de las actuaciones de Noah Centineo como Ken y de Callina Liang como Chun-Li, dos rostros que para la comunidad terminaron representando con dignidad a sus personajes.
- Banda sonora con reminiscencias de los años noventa, esa etapa fundacional en la que la saga se instaló en la memoria colectiva de varias generaciones de jugadores.
- Reproducción fiel de los movimientos icónicos de cada personaje, un detalle que para los fans pesa más que cualquier desvío narrativo.
Porque, en el fondo, la discusión de fondo que reavivó el estreno pasa por ahí. Los espectadores que colmaron las salas y completaron el formulario de calificación no estaban buscando profundidad narrativa ni un guion a la altura de los dramas contemporáneos. Estaban buscando otra cosa, algo que la crítica especializada a veces no pondera en sus planillas: la experiencia de ver en pantalla grande, con butacas de cine y pochoclo incluido, la energía del recreo de la primaria, del fin de semana en lo de un amigo, del torneo improvisado en el patio del club. Y en ese terreno, que es tan válido como cualquier otro, la cinta parece haber cumplido con creces.
El caso de Street Fighter se suma entonces a esa lista larga, ya casi un género en sí mismo, de adaptaciones de videojuegos que prescinden del consenso crítico para encontrar su lugar entre la comunidad de jugadores. Es una historia que se repite desde que el cine intenta traducir a imágenes en movimiento la lógica de un controlador y una pantalla, y la respuesta del público en esta ocasión sugiere que la fórmula conserva intacta su capacidad de convocatoria, por más que los Tomates Verdes sigan diciendo otra cosa.
“El fenómeno reabre además una pregunta que cada nueva generación de espectadores y lectores de críticas se vuelve a formular: si los criterios habituales de la crítica cinematográfica, esos que sirven para juzgar dramas intimistas o comedias de autor, resultan aplicables a películas pensadas expresamente como homenajes a una comunidad concreta, con sus códigos, su música y su nostalgia como materia prima.”Osvaldo Duarte
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